sábado, 22 de mayo de 2010

¿QUÉ ES EL ESPIRITU SANTO?


1. El Espíritu Santo es Creador

Así como el Espíritu Santo tomó parte en la creación del universo, también tomó parte en la creación de la iglesia. Igualmente, el Espíritu Santo ayuda a crear al hombre nuevo y a crear en él la semejanza de Dios.



2. El Espíritu Santo es Convencedor, Revelador, y Maestro

El Espíritu Santo convence al mundo del pecado, justicia, y juicio (Juan 16:8). Sin el Espíritu Santo no podemos ver nuestro pecado. Con la ayuda del Espíritu Santo, podemos ver claramente nuestro pecado en contraste a la santidad del Espíritu. Esto nos humilla y nos trae a un lugar de rendición.

El Espíritu Santo nos guiará a la verdad. Sin el Espíritu Santo no podemos saber la diferencia entre verdad y error. Sin el Espíritu Santo, no podemos conocer a la divinidad. "Espíritu de fe ven, revela las cosas de Dios y su divinidad."

Sin el Espíritu Santo no podemos aprender, ni sabemos como caminar con Dios, ni como traer el mundo a Cristo.



3. La Morada del Espíritu Santo es la Evidencia que Somos Cristianos

Antes del día de Pentecostés Jesús dijo, "Y yo rogaré al Padre, y les dará otro protector que permanecerá siempre con ustedes, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve, ni lo conoce. Pero ustedes lo conocen, porque está con ustedes, y permanecerá con ustedes." (Juan 14:16-18).

Una de las cosas que distingue al cristiano es que tiene la presencia del Espíritu Santo. Jesús dijo que el mundo no puede recibir al Espíritu Santo. Si en algún momento lo recibió, ya no lo tiene porque lo ha rechazado.

Antes del día de Pentecostés, el Espíritu moraba con los apostoles, pero después moraba dentro de ellos. La característica que más distingue al cristiano es la morada del Espíritu Santo. En Romanos 8:16 dice, "El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios."


Llamado a la Obediencia

"El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado" (Juan 7:3-39)


El Espíritu Santo es Creador

Así como el Espíritu Santo tomó parte en la creación del universo, también tomó parte en la creación de la iglesia. Igualmente, el Espíritu Santo ayuda a crear al hombre nuevo y a crear en él la semejanza de Dios.



El Espíritu Santo es Convencedor, Revelador, y Maestro

El Espíritu Santo convence al mundo del pecado, justicia, y juicio (Juan 16:8). Sin el Espíritu Santo no podemos ver nuestro pecado. Con la ayuda del Espíritu Santo, podemos ver claramente nuestro pecado en contraste a la santidad del Espíritu. Esto nos humilla y nos trae a un lugar de rendición.

El Espíritu Santo nos guiará a la verdad. Sin el Espíritu Santo no podemos saber la diferencia entre verdad y error. Sin el Espíritu Santo, no podemos conocer a la divinidad. Por esta razón Charles Wesley escribió en uno de sus himnos, "Espíritu de fe ven, revela las cosas de Dios y su divinidad."

Sin el Espíritu Santo no podemos aprender, ni sabemos como caminar con Dios, ni como traer el mundo a Cristo.


El Espíritu Santo Viene a Nosotros Cuando Nacemos de Nuevo

Jesús le dijo a Nicodemo, un líder religioso de los judíos, "Es necesario nacer de nuevo desde lo alto" (Juan 3:7). Jesús no ofrece aquí una sugerencia, sino una necesidad. Sin haber nacido del Espíritu, no entraremos en el reino de Dios que es "justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo" (Romanos 14:17). Jesús dijo, "Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es" (Juan 3:6).

En el mismo sentido que los padres de un bebé transmiten sus cromosomas, el Espíritu Santo entra en nosotros en el momento de nuestro nacimiento. En ese momento la personalidad del bebé es influenciada por los padres. Igualmente, como nuevos cristianos recibimos la vida del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo por medio del renacimiento espiritual. Sin el Espíritu, no podemos vivir una vida cristiana. Una de las consecuencias de esta nueva vida es el reconocimiento y rechazo del pecado. Como dice Juan, "Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios" (1 Juan 3:9). Cuando nuestras mentes dejan de discernir el pecado en nuestras vidas, la vida del Espíritu Santo salido de nosotros.



El Espíritu Santo es Santificador

Después de nuestra conversión, debemos ser limpiados de nuestra naturaleza carnal que nos dirige hacia el pecado. Esta limpieza total es la santificación entera y es lo que Pablo tenía en mente cuando oro lo siguiente, "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. El que los llamó es fiel y así lo hara" (1 Tesa 5:24).

La obra de santificación es posible solo por medio del poder del Espíritu Santo obrando en nosotros. Solo el poder del Espíritu puede librarnos del nuestra naturaleza carnal.



El Espíritu Santo Da Poder a sus Testigos

Jesús habla en la Biblia de otra gran función del Espíritu Santo. "Pero recibiran la fuerza del Espiritu Santo cuando venga sobre ustedes, y seran mis testigos en Jerusalen, en toda Judea, en Samaria y hasta los extremos de la tierra" (Hechos 1:8).

Después del primer derramamiento del Espíritu Santo, hombres que antes vivían en temor de los judíos los confrontaron con el evangelio de Jesucristo. Luego otros fueron empoderados, segun el derramamiento en cada uno de ellos. "Terminada la oracion, tembló el lugar donde estaban reunidos. Todos quedaron llenos del Espiritu Santo y se pusieron a anunciar con seguridad la palabra de Dios" (Hechos 4:31). Para ser testigos efectivos necesitamos la confianza y el poder del Espíritu Santo.

EL AMOR ES EL INDICADOR PERFECTO


Cuando el corazón está vacío del Espíritu - aunque la mente esté atiborrada de grandes verdades - está vacío de amor y de piedad. Los demás no son ya prójimos y hermanos a los cuales amar, sino ignorantes, falsos y herejes a los cuales apartar y condenar.

El amor debe ocupar un lugar central entre todas las virtudes del cristiano. Aun la verdad ha de sostenerse en amor. Efesios 4:15 dice: "Siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo...

¿Cómo saber si nos estamos deslizando hacia el enciclopedismo doctrinal, y descuidando lo más importante de esta Vida? El amor tiene que hablarnos. Cuando el Espíritu está apagado y contristado, el amor desaparece, porque el primero de los frutos del Espíritu es el amor.

Cuando el Espíritu está contristado y el amor desaparece, las verdades escritúrales adquieren tanta fuerza, que dejaremos fuera de nuestros débiles afectos a todo aquel que no entiende esas verdades como nosotros. ¡Qué pérdida hay en todo este asunto!

¡Pero tenemos oportunidad de volvernos a Dios! ¡El Espíritu está dispuesto a hacer su obra, si nosotros se lo permitimos! ¡Que el Señor nos conceda la abundancia de su Espíritu para escapar de las secas y áridas cuestas de la letra muerta, hacia la abundancia de las fuentes de agua viva, siempre fluyentes y refrescantes.

La existencia del Espíritu de Dios obra en nosotros orando con gemidos:“Abba,” “Padre, Papá.” Él nos ayuda a soportar los sufrimientos para que podamos pacientemente esperar la redención final de nuestros cuerpos cuando miraremos a Jesús “con la gloria que vierte sobre nosotros” en Su venida.

Somos llamados en las Escrituras a “orar continuamente” (1 Tes. 1:17). Cuando oramos, “nos estamos dirigiendo al gran soberano Dios del universo y estamos presentando nuestra adoración, confesión, acciones de gracias, y súplicas a El. Él está escuchando estas oraciones y respondiendo a ellas constante, perfecta y sabiamente con toda su inagotable abundancia”.

Y si esto es cierto ¿Por qué es tan difícil orar? ¿Por que la oración es aun un problema para el cristiano maduro? El apóstol Pablo dice que es por causa de “nuestras debilidades.”Romanos 8:26: “El Espíritu de Dios no solo mantiene esta esperanza dentro de nosotros, sino que nos ayuda en nuestras actuales limitaciones.” Lo maravilloso son sus intercesiones por los santos que están en armonía con la voluntad de Dios.” Él viene a socorrernos en nuestras debilidades.

Pablo no dice que el Espíritu Santo quita nuestras “debilidades,” sino que Él “nos ayuda.” “Vivimos nuestra vida completa en condiciones de debilidad.”Lo maravilloso, dice Leon Morris: “Lo que el Espíritu hace es ayudar; Él nos da el auxilio que necesitamos para vernos completamente.”

¿Cuál es el problema? Nosotros no sabemos que debemos pedir a Dios. ¿Cuál es su voluntad soberana para nosotros, nuestra familia, nuestro ministerio, etc.? A menudo no sabemos lo que necesitamos, tampoco sabemos lo que es mejor para nosotros.

Cada cristiano experimenta estas debilidades y esto es lo que hace que la oración sea difícil. ¿Acaso no han experimentado ustedes en varias ocasiones que tan difícil es parar y orar en su ocupado tiempo y entonces cuando ustedes estan en Su presencia en oración es tan dulce y maravilloso que no queremos dejar de orar? Nuestro espíritu se opone a dejar el lugar sagrado. El Espíritu Santo nos ayuda en las debilidades. “Él intercede por nosotros con gemidos que las palabras no pueden expresar”. El Espíritu Santo todo poderoso es nuestro auxilio. Él viene en nuestra ayuda para darnos acceso al Padre (Efesios 2:18).


El apóstol Pablo usa la palabra sunantilambanetai que denota a una persona viniendo de lejos para tomar parte de una pesada carga para ayudarle a tolerarla.

Jesús tuvo la misma idea en mente cuando él llamó al Espíritu Santo Parakletos, “Uno quien es llamado de lejos” para ayudar en tiempos de necesidad. El Espíritu Santo viene de lejos para ayudarnos en nuestras debilidades. Como estamos desesperados, él alivia nuestras cargas. Pablo hace énfasis en esto como un divino trabajo, no medio-divino y medio-humano.

Nosotros no sabemos que orar en medio de nuestros sufrimientos, con toda esa pesada carga entonces, El viene y nos ayuda a soportarlas. El se identifica con nosotros en nuestras debilidades.

Nosotros no sabemos como o que orar en esos difíciles momentos de sufrimiento, pero El si porque él nos conoce íntimamente y él sabe perfectamente la voluntad de Dios, y nuestras debilidades. La oración cubre cada aspecto de nuestras necesidades, y nuestras debilidades son aclaradas no por nuestro conocimiento por cual oramos. Nosotros a menudo no tenemos la idea completa. Nosotros solo vemos la herida, el dolor, el sufrimiento, etc. El Espíritu Santo viene en nuestra ayuda y hace intercesión.

De hecho, nosotros tenemos dos intercesores divinos: Jesucristo está a la mano derecha del Dios Padre en el cielo intercediendo en nuestro nombre (Romanos 8:34; Hebreos 7:25; 1 Juan 2:1), y el Espíritu Santo en nuestros corazones está también intercediendo (Juan 14:16, 17). El Espíritu Santo intercede con gemidos los cuales no pueden ser pronunciados para ascender al trono de gracia. “Los gemidos registran la intercesión del Espíritu Santo”.

El Espíritu mismo “intercede,” ruega por nosotros. Es una palabra maravillosa que muestra el rescate por alguien, que “sucede en” una persona que está en problemas y “en su nombre” ruega con “gemidos que desconcierta las palabras.” Dios el Padre busca el corazón (v. 27; 1 Crónicas 28:9; salmos 139:1, 23: Jeremías 17:10; 1Cor 4:5; Hebreos 4:13). La mente del Espíritu mismo hace interpretación por los santos según la voluntad de Dios. La persona que hace la intercesión es un miembro de la Trinidad. Nosotros no conocemos lo que es la voluntad de Dios, solo él la conoce.

¿Cuáles son estos gemidos?, “Aunque estas son así inarticuladas, existe un significado e intención que no puede escapar de los ojos omniscientes de Dios, ellas son completamente entendibles para él. Y. . . son enfrentadas para estar en acuerdo con Su voluntad. Ellas son conforme con Su voluntad, y sin embargo sobresale nuestro entendimiento y pronunciación, estas son demandadas por el Espíritu Santo y son de la manera de la cual Sus intercesiones vienen a la expresión en nuestros conocimientos. Ya que estas son las intercesiones del Espíritu Santo, estas siempre se enfrentan con el entendimiento y aprobación de Dios. Estas están de acuerdo a Su voluntad así como son las intercesiones de Cristo a la mano derecha de Dios” (La Epístola de Romanos, p. 313).

El Dios “quien busca nuestros corazones conoce la mente del Espíritu” y responde de acuerdo a la voluntad de Dios. Ya que su camino es perfecto nosotros siempre estamos seguros de lo que es mejor para nosotros. “Nosotros no sabemos que cosas debemos orar,” pero el Espíritu Santo siempre sabe, y Dios el Padre siempre responderá a Su oración.

VERDADES OBJETIVAS Y SUBJETIVAS DEL ESPIRITU SANTO


La Biblia es un libro maravilloso. Allí encontramos cómo Dios piensa, cómo siente y como actúa. ¿No es un privilegio grande conocer a Dios así?

Sus páginas están llenas de preciosas verdades, eternas, inmutables verdades. Por ellas no pasa el tiempo. "El cielo y la tierra pasarán, pero mi palabra no pasará", dijo el Señor (Mateo 24:35).
Estas son verdades objetivas, independientes y externas al sujeto.

Sin embargo, esas verdades tan grandes pueden no encontrar eco espiritual en el corazón del hombre, sino sólo un asentimiento mental, un conocimiento doctrinal. Cuando esto ocurre, no tienen la capacidad de vivificar.

Una persona puede repetir toda su vida el "Credo de los apóstoles" -que contiene hermosas verdades tocantes a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo- sin que esas verdades produzcan necesariamente en su corazón un cambio de naturaleza. Seguirá estando lejos de Dios aunque tenga el nombre de Dios en sus labios todos los días de su vida. Nada eterno se producirá en su espíritu, estará para siempre destituido de la gloria de Dios.

Muchas verdades puede haber en la mente de un hombre, pero si no están en su corazón, no tendrán ningún efecto espiritual. Las verdades objetivas tienen que meterse dentro del corazón del hombre. ¿Cómo puede ser hecho esto? Esto sólo lo puede hacer el Espíritu de Dios.

Veamos un ejemplo: 1ª Corintios 1:30 es un breve versículo pero que contiene algunas verdades trascendentales: "Por gracia de Dios ustedes estan en Cristo Jesus. El ha pasado a ser sabiduria nuestra venida de Dios, y nuestro merito y santidad, el precio de nuestra libertad."

Aquí se dice que el Padre nos puso en Cristo. Este es un hecho eterno, anterior a la creación del mundo (ver Efesios 1). También se nos dice que Cristo ha venido a ser cuatro virtudes gloriosas para nosotros. Antes éramos necios, ahora Cristo es nuestra sabiduría. Antes éramos injustos, ahora Cristo es nuestra justicia. Antes éramos inmundos, y comunes, ahora Cristo es nuestra santificación. Antes estábamos perdidos, muertos en delitos y pecados, ahora Cristo es nuestra redención.



¡Maravillosas verdades! Creerlas es una bienaventuranza muy grande. Es tener el cielo abierto para nosotros, con todos sus tesoros insondables. Todo ello, en Cristo y por Cristo.

Ahora bien, pudiera darse el caso que tales verdades no hayan llegado a ser una verdad revelada, sino sólo una verdad comprendida mentalmente, y aun aceptada a ese nivel. ¿Qué ocurre entonces? En tal caso, tal verdad es una doctrina, pero no es vida. Es una sombra sin sustancia.

Un hombre puede llegar a tener muchísimas verdades de este tipo en su mente. Puede tener un repertorio de verdades doctrinales perfectamente ordenado, clasificadas por categorías, por clases y subclases, y darle una estructura muy racional, de tal manera que todo sea perfectamente comprensible. Sin embargo, a nivel del Espíritu no hay nada.

Si ese repertorio se transforma en un sistema doctrinal, entonces puede llenar el corazón de ese hombre de una vanidad muy grande. ¡Por fin tiene el consejo de Dios asimilado y metido dentro de su sistema! Es como si la mente de Dios se hubiera reducido a su tamaño, y Dios pensase a través de su pequeña mente.

Hay verdades eternas, gloriosas que han pasado a ser verdades fosilizadas en muchos hijos de Dios; verdades maravillosas, capaces de transformar vidas, y revolucionar el mundo entero, pero que simplemente son letra muerta. Es sólo conocimiento que envanece.

En tal caso, ese conocimiento es inútil contra los apetitos de la carne. Sólo la verdad vivificada por el Espíritu y aplicada al corazón del creyente tiene la fuerza para producir un cambio de naturaleza, de vida, de actitudes, de conducta.

Es sólo el Espíritu de Dios quien puede corregir esa distorsión. El Espíritu Santo fue enviado para cumplir una misión fundamental. Estamos en la dispensación del Espíritu, y si no le dejamos actuar, estamos perdidos.

Si los fariseos y escribas fueron hallados faltos porque se llenaron de la letra de la ley, olvidando su espíritu --en plena dispensación de la Ley-- ¿cuánto más en este día será motivo de pérdida el sumirnos en la mera doctrina, en la "letra de la gracia"?

Es el Espíritu y sólo el Espíritu quien nos puede socorrer para ser librados de esa caída.

NECESIDAD DEL ESPIRITU SANTO


Según la más ortodoxa doctrina - que también es una preciosa revelación - nosotros los hijos de Dios tenemos una posición gloriosa: estamos en Cristo.

Estar en Cristo es algo infinitamente superior a toda posición en que pueda hallarse el hombre en esta tierra.

Estar en Cristo es gozar de la bienaventuranza del Padre, según la cual un hombre ha sido librado de la condenación porque ya es salvo; ha dejado el mundo porque ya es de Dios; sus pecados han sido perdonados, pertenece a una nueva creación; tiene un nuevo origen, tiene una nueva herencia y un nuevo y glorioso destino.

Estar en Cristo es tener la vida eterna, increada, dentro del corazón. Es haber recibido gratuitamente un legado incorruptible. Es tener no sólo lo que es de Cristo, sino tener a Cristo mismo.

Estar en Cristo es mejor que estar en el pináculo de la gloria humana, o en la cima de la riqueza. Nuestra posición en Cristo es invaluable. Jamás despreciemos esta herencia, porque es la adquisición de Cristo en el Calvario, por medio de su sangre preciosa, para nuestro bien y salvación.
Sin embargo, un cristiano ha de tener en cuenta -si quiere caminar hoy rectamente delante de Dios- no sólo su posición, sino también su estado. La verdad posicional, siendo un firme y seguro fundamento de nuestra fe, no desmerece ni invalida la verdad en cuanto a nuestro estado, necesario complemento de aquélla.

La verdad acerca de nuestra posición en Cristo es una verdad objetiva, porque es externa al creyente: se establece sobre la base de la obra consumada de Cristo Jesús en la cruz del Calvario. Nadie puede añadirle ni quitarle: es absolutamente suficiente. En este sentido, la verdad posicional es única e inmutable, como lo es también la posición de todos los hijos de Dios, no importando su condición particular.

Otra cosa distinta ocurre con nuestro estado delante de Dios. El estado del creyente es subjetivo, particular y único. Cada uno tiene un diferente estado delante de Dios, es decir, un diferente grado de consagración, de obediencia, una diferente medida de fructificación.

Nuestra posición en Cristo asegura que somos hijos de Dios, pero no asegura que, de hecho, seamos hijos fieles. Nuestra posición garantiza plenamente nuestra salvación, pero no garantiza necesariamente que vayamos a recibir la aprobación de Cristo en su augusto Tribunal. Según nuestra posición tenemos vida eterna, pero según nuestro caminar subjetivo podemos acceder al reino de Dios, o bien quedar excluidos de él.



Los hijos de Dios tenemos que conocer también cuál es nuestro estado presente, nuestro caminar subjetivo, si agrada a Dios o no. Preocuparnos sólo de nuestra posición y no de nuestro estado es riesgoso. Asimismo, ocuparnos sólo de nuestro estado, sin conocer nuestra posición, es una pérdida lamentable.

Si nos preocupamos sólo de nuestra posición, podemos sumirnos en la tibieza, en el relajo y la presunción; podemos llegar a pensar que lo tenemos todo, y no sólo eso, sino que también que lo sabemos todo, y que no necesitamos nada.

Y así, puede ocurrir algo verdaderamente lamentable: que teniendo a Dios, lleguemos a perderle, que teniendo a Cristo, lleguemos a excluirle de nuestro corazón. Porque Dios habita con el humilde de espíritu, y con el que tiembla a su palabra. (Isaías 57:15; 66:2).

Creyendo que somos redimidos, podemos caer descuidadamente en la apostasía. Creyendo la verdad tocante a nuestra santidad perfecta en Cristo, podemos vivir cayendo en pecados morales. Creyendo que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones, podemos llenarnos de juicio y aun de odio hacia los hermanos. Creyendo objetivamente que no somos de abajo, sino de arriba (y que estamos sentados en lugares celestiales) podemos vivir afanados en la tierra, amontonando tesoros vanos. Creyendo objetivamente que hemos sido justificados (es decir, hechos justos), podemos actuar como injustos.

¿No es todo esto una desgracia? ¿No es todo esto una ceguera y una vana presunción?

Aún más, el conocimiento mental y doctrinal de las verdades tocantes a la posición del creyente pueden llevarle a un manejo tan hábil de las Escrituras, que bien pueden tornarle absolutamente insensible e ignorante respecto de su real estado delante de Dios.

Esta es la situación de Laodicea. Ella dice ser algo, pero el juicio del Señor sobre ella deja en claro que su situación es muy diferente.

Tal vez lo más delicado de este desafortunado énfasis, es que se pueda profesar sin Cristo y sin el Espíritu Santo. Pasa a ser simplemente un asunto de conocimiento doctrinal, para lo cual no es necesario el Espíritu.

Atender sólo la verdad respecto de la posición y no del estado, nos vuelve insensibles a la voz del Espíritu, con la lamentable consecuencia que resbalamos en el Camino sin darnos cuenta de ello.
¡Si no damos lugar al Espíritu para que examine nuestra condición presente, no sabemos en qué pie estamos! Pensaremos que estamos 'regados', sin darnos cuenta que estamos 'secos'.

Esto es lo que significa deslizarse (Hebreos 2:1). Pensaremos que dos o tres verdades de la Escritura son el todo de Dios, y funcionaremos ciegamente en torno a ellas, descuidando "lo más importante de la ley".

Si no tenemos el auxilio permanente del Espíritu, de sus amonestaciones; si hemos perdido la capacidad de oírle, entonces nuestro estado es de desgracia suma. Dios no podrá obtener provecho de nosotros y no podremos hacer su obra.



Conocer nuestra posición y no nuestro estado es quedar a medio camino. Es tener la base de nuestro caminar (el mapa) y no hacerlo. Es como saber leer y no leer nunca; es tener la teoría sin saber cómo proceder en la práctica. Es tener un doctorado en "religión" (doctrina, letra muerta), sin ser capaz de sentir el dolor ajeno a nuestro alrededor.

Es tener conocimiento sin espíritu. Y el conocimiento sin espíritu nos vuelve tiesos, indóciles para Dios.
¡Dios nos libre de esta desgracia! ¡Que Dios tenga misericordia de nosotros!

viernes, 21 de mayo de 2010

LOS TRIUNFADORES


Hoy les comparto esto, jamas se sienta que son un fracaso o que no valen, cada uno tiene un valor incalculable, asi que aprendamos un poco mas de ello.

A veces los triunfadores no son aquellos a los que todo el mundo aplaude y reconoce. No son los que construyeron grandes obras, dejaron constancia de su liderazgo o viajaron, en primera clase.

A veces los triunfadores no son los administradores geniales, ni los visionarios del futuro o los grandes emprendedores. Por ello, tal vez no los reconoceríamos en medio de tanto pensador, filósofo o tecnólogo, que supuestamente conducen a este mundo por la senda del progreso.

A veces el triunfador no es el negociador internacional, o el hacedor de empresas de clase mundial o el deslumbrante estadista que asiste a reuniones cumbre. No es el que se afana por exportar mucho, sino el que todavía se importa a sí mismo. Porque el triunfador puede ser también el que calladamente lucha por la justicia, aunque no sea un gran orador o un brillante diplomático.

El triunfador puede ser igualmente el que venció la ambición desmedida y no fue seducido por la vanidad o el poder. Es triunfador el que no obstante que no viajó mucho al extranjero, con frecuencia hizo travesías hacia el interior de sí mismo para dimensionar las posibilidades de su corazón. Es el que quizás nunca alzó soberbio su mano en el podium de los vencedores, pero triunfó calladamente en su familia y con sus amigos y los cercanos a su alma.

Es, quizá, el que nunca apareció en las páginas de los periódicos, pero sí en el diario de Dios; el que no recibió reconocimientos, pero siempre obtuvo el de los suyos; el que nunca escribió libros, pero sí cartas de amor a sus hijos y el que pensó en redimir a su país a través de la asfixiante aventura de su trabajo común y rutinario y aquel que prefirió la sombra, porque, finalmente, es tan importante como la luz.

A veces el triunfador no es el que tiene una esplendorosa oficina, ni una secretaria ejecutiva, ni posee tres maestrías; no hace planeación estratégica ni elabora reportes o evalúa proyectos, pero su vida tiene un sentido, hace planes con su familia, tiene tiempo para sus hijos y encuentra fascinante disfrutar de la hermosa danza de la vida.

A veces el triunfador no pasa a la historia, sino el que hace posible la historia; el que encuentra gratificante convencer y no sólo vencerá el que de una manera apacible y decidida lucha por hacer de este mundo un mejor lugar para vivir.

A veces el triunfador no tiene que ser el que construyó grandes andamiajes y estructuras administrativas, pero supo cómo construir un hogar; no es el que tiene un celular, pero platica con sus hijos, no tiene email, pero conoce y saluda a sus vecinos, no ha ido al espacio exterior, pero es capaz de ir hacia su espacio interior y sin haber realizado grandes obras arquitectónicas, supo construirse a sí mismo y fue, como dice el poeta, el cómplice de su propio destino.

A veces el triunfador suele ser Teresa de Calcuta, o Francisco de Asís o Nelson Mandela, o tal vez la enfermera callada, el obrero sencillo y el campesino olvidado, porque como personas triunfaron sobre la apatía o el desencanto y con su esfuerzo cotidiano establecieron la diferencia.

A veces el triunfador puede ser el carpintero pobre de un lugar ignorado, o una mujer sencilla de pueblo o un niño humilde que nació en un pesebre, porque no había para él lugar en la posada... (Autor: Rubén Núñez de Cáceres)

Es un triunfador aquel que puede cerrar los ojos cada noche con la tranquilidad de saber que amó, que pudo dar paz y que llevó bienestar a otros cuyas almas estaban inquietas. Es un triunfador aquel que puede encontrarse en el abrazo y en los latidos de su hijo y siente que se ahoga con esa emoción. Es un triunfador aquel que es una buena persona y que puede dejar que las malas obras sigan sin su participación intentando en silencio cambiar desde su lugar ese mundo que lastima y destruye. Es un triunfador aquel que reconoce que tiene una misión e intenta descubrirla aún cuando la oscuridad lo enceguece, aún cuando la niebla cubre su camino y no sabe si éste continúa o termina allí. Es un triunfador aquel que tiene las manos cálidas para aferrarse a la vida y el corazón abierto para dejar entrar en él a todos, aún a aquellos que pueden llegar a lastimarlo.

Es un triunfador aquel que sueña y se entrega. Es un triunfador aquel que pudo levantarse una y otra vez y que apostó a la vida una y mil veces y que dejó de lado su dolor para aliviar el dolor de quienes ama. Es un triunfador aquel que puede con los años perder el miedo al sentir que se acerca a la última estación y se alegra al leer el cartel que vislumbra ya que en él se resume su vida, su triunfo, y éste afirma: Mision cumplida.

miércoles, 19 de mayo de 2010

ORACIONES AL ESPIRITU SANTO PARA PEDIR SUS SIETE DONES


I
¡Oh Espíritu Santo!, llena de nuevo mi alma con la abundancia de tus dones y frutos. Haz que yo sepa, con el don de Sabiduría, tener este gusto por las cosas de Dios que me haga apartar de las terrenas.

Que sepa, con el don del Entendimiento, ver con fe viva la importancia y la belleza de la verdad cristiana.

Que, con el don del Consejo, ponga los medios más conducentes para santificarme, perseverar y salvarme.

Que el don de Fortaleza me haga vencer todos los obstáculos en la confesión de la fe y en el camino de la salvación.

Que sepa con el don de Ciencia, discernir claramente entre el bien y el mal, lo falso de lo verdadero, descubriendo los engaños del demonio, del mundo y del pecado.

Que, con el don de Piedad, ame a Dios como Padre, le sirva con fervorosa devoción y sea misericordioso con el prójimo.

Finalmente, que, con el don de Temor de Dios, tenga el mayor respeto y veneración por los mandamientos de Dios, cuidando de no ofenderle jamás con el pecado.

Lléname, sobre todo, de tu amor divino; que sea el móvil de toda mi vida espiritual; que, lleno de unción, sepa enseñar y hacer entender, al menos con mi ejemplo, la belleza de tu doctrina, la bondad de tus preceptos y la dulzura de tu amor. Amén.

II


Ven Espíritu Santo, inflama mi corazón y enciende en el fuego de tu Amor. Dígnate escuchar mis súplicas, y envía sobre mí tus dones, como los enviaste sobre los Apóstoles el día de Pentecostés.

Espíritu de Verdad, te ruego me llenes del don de Entendimiento, para penetrar las verdades reveladas, y así aumentar mi fe; distinguiendo con su luz lo que es del buen, o del mal espíritu.

Espíritu Sempiterno, te ruego me llenes del don de Ciencia, para sentir con la Iglesia en la estima de las cosas terrenas, y así aumentar mi esperanza; viviendo para los valores eternos.

Espíritu de Amor, te ruego me llenes del don de Sabiduría, para que saboree cada día más con qué infinito Amor soy amado, y así aumente mi caridad a Dios y al prójimo; actuando siempre movido por ella.

Espíritu Santificador, te ruego me llenes del don de Consejo, para obrar de continuo con prudencia; eligiendo las palabras y acciones más adecuadas a la santificación mía y de los demás.

Espíritu de Bondad, te ruego me llenes del don de Piedad, para practicar con todos la justicia; dando a cada uno lo suyo: a Dios con gratitud y obediencia, a los hombres con generosidad y amabilidad.

Espíritu Omnipotente, te ruego me llenes del don de Fortaleza, para perseverar con constancia y confianza en el camino de la perfección cristiana; resistiendo con paciencia las adversidades.

Espíritu de Majestad, te ruego me llenes del don de Temor de Dios, para no dejarme llevar de las tentaciones de los sentidos, y proceder con templanza en el uso de las criaturas.

Divino Espíritu, por los méritos de Jesucristo y la intercesión de tu Esposa, María Santísima, te suplico que vengas a mi corazón y me comuniques la plenitud de tus dones, para que, iluminado y confortado por ellos, viva según tu voluntad, muera entregado a tu Amor y así merezca cantar eternamente tus infinitas misericordias. Amén.

III



Amor infinito y Espíritu Santificador:

Contra la necedad, concédeme el Don de Sabiduría, que me libre del tedio y de la insensatez.

Contra la rudeza, dame el Don de Entendimiento, que ahuyente tibiezas, dudas, nieblas, desconfianzas.

Contra la precipitación, el Don de Consejo, que me libre de las indiscreciones e imprudencias.

Contra la ignorancia, el Don de Ciencia, que me libre de los engaños del mundo, demonio y carne, reduciendo las cosas a su verdadero valor.

Contra la pusilanimidad, el Don de Fortaleza, que me libre de la debilidad y cobardía en todo caso de conflicto.

Contra la dureza, el Don de Piedad, que me libre de la ira, rencor, injusticia, crueldad y venganza.

Contra la soberbia, el Don de Temor de Dios, que me libre del orgullo, vanidad, ambición y presunción.

domingo, 16 de mayo de 2010

LA ASCENCION DEL SEÑOR


Lecturas: Hch 1,1-11; S. 46; Ef 4,1-13; Mc 16,15-20

El Espíritu Santo y sus dones


Celebramos hoy con el grado de “solemnidad”, que es el máximo en la liturgia, el misterio de la Ascensión de Jesús en cuerpo y alma al Cielo. Si sin ninguna explicación previa se nos hubiera preguntado, creo que hubiéramos opinado en general, como los apóstoles, que preferíamos a Jesús en este mundo mejor que en el Cielo. Sería y es una opinión discordante con la fe.

Jesús visiblemente desaparece de este mundo, pero esta marcha es providencial. Nos conviene, es mejor así, que se haya ido. ¿Por qué?

En primer ya les dijo Jesús a los once que era mejor, pues así les enviaría el Espíritu Santo (Jn 16,7). El relato evangélico de hoy constata una vez más que Jesús, antes de ascender, les mandó divulgar el Evangelio y, como signos para estimular la fe de los oyentes, les prometió poder contra los demonios, hablar lenguas nuevas y curar enfermos. El evangelista observa que esto se realizó de hecho.

La primera lectura es justo el comienzo del libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito por S. Lucas como continuación de su evangelio. Comienza con la última aparición de Jesús en Jerusalén el día de la Ascensión, engarzando y repitiendo en parte datos ya reseñados al final de su evangelio. Jesús vuelve a repetir que van a recibir el Espíritu Santo y que así recibirán fuerza para cumplir con el mandato de ser sus testigos ante todos los hombres. Luego asciende al Cielo ante sus ojos.

La segunda lectura, tomada de la carta a los Efesios (la comunidad cristiana de la ciudad de Éfeso), explica algo más lo que nos da el Espíritu Santo. Voy a centrarme sobre todo en ella, desarrollando así la doctrina enseñada el domingo anterior.

Vimos entonces que en el bautismo, además de perdonársenos los pecados, se nos unía como sarmientos a la vid, de modo que veníamos a participar de la vida de Cristo resucitado. Así somos hechos hijos de Dios. Esa vida divina transforma nuestras almas y nos da capacidades nuevas para actos nuevos, que son los que realizamos con las virtudes divinas de la fe, la esperanza y la caridad y también otras virtudes, llamadas infusas, además de otros posibles dones y carismas.

San Pablo en la carta a los Efesios aclara bien que esa vida de Jesús la participamos porque se nos ha dado, también en el bautismo, el don del Espíritu Santo. En realidad es el don más importante. El mismo Espíritu Santo, la tercera persona de la Santísima Trinidad, ha venido a habitar en nosotros. Por eso, recuerden, San Pablo dice que somos templo del Espíritu Santo y que Dios habita en nosotros. Igualmente San Pedro escribe que formamos como un templo habitado por Dios y que somos piedras vivas, porque cada uno está también habitado por Dios.
Hoy San Pablo argumenta, en el fragmento leído, a favor del amor mutuo porque todos los creyentes, toda la Iglesia, somos como un solo cuerpo y cada miembro del cuerpo obra a favor del conjunto. Eso lo hace el Espíritu Santo. Es como el alma, que es una y junta y da vida a todos los miembros del cuerpo. En otro sitio llama a Cristo cabeza de la Iglesia, porque de Cristo viene la vida a cada uno de los miembros.

Cristo nos da su Espíritu a cada uno y entonces cada miembro tiene vida y puede obrar. Como los miembros del cuerpo, cada uno es distinto del otro y tiene funciones diversas, pero todos forman un solo cuerpo, así en la Iglesia participamos todos del mismo Espíritu, estando unidos todos a la misma cabeza, Cristo, pero somos distintos y tenemos distintas funciones en la Iglesia. “Él ha constituido a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelizadores, a otros pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio y para la edificación del cuerpo de Cristo”, es decir para que todos seamos cada vez más santos y en la Iglesia entren todos los hombres. “Hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud”, es decir que, como he recalcado otras veces, ese crecimiento hasta la plenitud se hace viviendo más y más de la fe, conociendo más y más a Cristo y asemejando cada vez mejor su vida, sentimientos y pensamientos.

Una vez más llegamos a descubrir maravillas. Somos portadores de Dios. Cristo no nos aporta meramente un código de conducta, una serie de obligaciones morales, que por lo demás todo el mundo reconoce que debe de cumplir: el menos religioso sabe muy bien que no puede matar, ni robar, ni violar. Claro que continuamos con esos deberes morales; incluso podemos aceptar que son mayores porque aumenta nuestra conciencia de su obligación. Pero más allá de la ley moral, Jesús resucitado nos da la participación de su vida, la presencia del Espíritu Santo en nuestras almas, y nos ofrece los dones y virtudes necesarios para realizar muy bien nuestras misiones en la Iglesia y en el mundo. Cada uno de ustedes tiene responsabilidades especiales por ser padre, madre, hijo, por tener que trabajar y estar bajo responsabilidades especiales. Ahí pueden y deben hacerse santos y ejercitar carismas, dones y virtudes. Todos ustedes pueden orar cada vez mejor, ser mejores padres y padres, mejores hijos, mejores trabajadores, etc. ¿Cómo hacerlo? Pidan lo que necesitan de todo ello cada día y luego esfuércense en obrar según la inspiración del Espíritu. Verán que en su interior va surgiendo una fuente de agua viva (Jn 7,38). Con la ayuda de María, háganlo. Y que así sea.

viernes, 14 de mayo de 2010

SER POBRE O SER RICO


La pobreza debe ser llevada con humildad al igual que la riqueza.

Un tema delicado, sin dudas. Contradictorio al menos en apariencia, difícil de poner en palabras que conformen a todo el mundo.

Para algunos, vale aquello de que “mas fácil es que pase un camello por el ojo de una cerradura, de que entre un rico al Reino de los Cielos”. Para otros vale aquello de que “la riqueza o pobreza de un alma está en el aspecto espiritual del término, no en el material”. De una forma u otra las Sagradas Escrituras dan referencias que podrían alimentar variadas interpretaciones, especialmente cuando el interesado tiene algún particular ángulo que desea priorizar.

De tal modo, los que se consideran a si mismos como “ricos” tratarán de encontrar en este escrito justificación a su riqueza. Y los que se consideran “pobres” buscarán encontrar aquí consuelo y promesa de “salvación automática”. Ni lo uno, ni lo otro. No es ese el espíritu de las diversas palabras que Jesús nos ha dejado sobre este delicado tema en los Evangelios.

El primer paso es comprender si riqueza material es sinónimo de casi segura condenación del alma. Recordamos el caso del joven rico que quiere seguir al Señor, y Jesús le pone como requisito el dejar atrás bienes y honores, y él tristemente deja alejarse al Salvador, mientras se queda atado a su riqueza. También el caso del rico que no da ni los restos de su comida al pobre que pide en la puerta de su casa. En muchas oportunidades Jesús nos ha marcado el peligro espiritual que acarrean los bienes materiales. Si, pareciera que es un hueco muy estrecho como para que pase el camello famoso.

Pero meditando sobre este asunto recordé a aquellos que fueron los mejores amigos de Jesús en la tierra. Ellos fueron muy probablemente tres hermanos: María Magdalena, Marta y Lázaro, hijos de Teofilo. Quizás la familia más rica de la Palestina de aquella época, en propiedades en Jerusalén, en Betania, y en muchos otros lugares. La casa de Betania era el lugar de descanso preferido de Jesús cuando subía a Jerusalén. A Lázaro y sus hermanas pedía Jesús muchos favores materiales cuando llegaban a El casos desesperantes de gente que necesitaba ayuda. Y los hermanos siempre respondían, fieles al Mesías que ellos habían reconocido en aquel Hombre de Galilea.

Si, los hijos de Teofilo eran ricos, riquísimos, pero supieron merecer la amistad del Señor. Jesús lloró cuando vio la tumba de Lázaro, y de hecho hizo de su resurrección el más impresionante milagro, en fecha ya cercana al Gólgota. Su hermana, María Magdalena, tuvo el honor de ser la primera persona que lo viera Resucitado. Vaya honor, ¿verdad? Nada está narrado por casualidad en los Evangelios, de tal modo que tan particular amistad entre la familia más rica del lugar, y Jesús, tiene que tener un significado profundo.

Leyendo un hermoso libro titulado “La Palabra continúa” encontré esta frase: “El rico que da con amor y caridad verdadera, es el que se hace amar y no envidiar del pobre”. De este modo, aceptar la propia riqueza proveniente de un trabajo honesto de los padres, o del propio digno esfuerzo, no es pecado si se la acepta para hacer buen uso de ella. Por supuesto que la riqueza basada en dinero logrado por malas artes no tiene mucha cabida frente a Dios. Pero la riqueza heredada o lograda con trabajo digno, es una manifestación de la Voluntad de Dios sobre nosotros. El asunto es qué espera Dios que hagamos con esos dones, porque sin dudas que es mucho el bien que, como Lázaro y sus hermanas, se puede hacer desde una buena posición económica y social, adquirida legítimamente.

Vistas así las cosas, el camello puede pasar por el ojo de la cerradura, pero con una responsabilidad y un esfuerzo que hacen la tarea muy difícil. La riqueza parece de esta forma asimilarse a una prueba ciclópea para el alma, más allá de que configura un gran don, una gracia que Dios concede. La gran pregunta de vida que las personas ricas deben hacerse es qué hacer con los bienes que Dios ha puesto en sus manos.

Si la riqueza nos enfrenta a semejantes pruebas espirituales, ¿es acaso la pobreza un don de Dios? Realmente lo es, es una ayuda muy grande que Dios da para encontrar verdadera humildad y sencillez en el corazón, puertas fundamentales para el camino a la santidad. ¿Es entonces pobreza sinónimo de salvación? Sin dudas que no. Un sacerdote amigo me decía que si bien es notable la soberbia de los ricos, es también impactante la soberbia de los pobres.

Me quedé mucho tiempo pensando en sus palabras, hasta que comprendí que se refería al resentimiento y desprecio por aquellos que tienen algo que uno no tiene, sea un bien material, cultural, o incluso espiritual. Ser pobre y vivir amargado por ello, es tan malo espiritualmente como ser rico y no hacer uso de lo recibido para el bien de los demás. En ambos casos se cae en una vida alejada del amor que Dios espera de nosotros.

La pobreza debe ser llevada con humildad también, al igual que la riqueza, haciendo de las carencias un agradecimiento a que Dios no nos somete a la prueba de la abundancia. Difícil tarea, ¿verdad? Suena más difícil que la tarea del rico, de hacer buen uso de lo recibido. Sin embargo, creo yo que, espiritualmente hablando, la tiene más difícil el rico que el pobre. Pero en cualquier caso queda en cada alma el saber como hacer de la situación que nos toca vivir, una oportunidad única de honrar a Dios con amor y verdadera humildad de corazón.

Si ser pobre o si ser rico, son cuestiones de este mundo material en que vivimos, cuestiones muy alejadas del destino de verdadera realeza que nos espera. Riquezas en este mundo, caminos que nos alejan de la genuina riqueza, si no sabemos utilizarlas para beneficio de los demás. Pobrezas y miserias en este mundo, un sufrimiento que puede ayudarnos a encontrar la estrecha senda al Reino, si las aceptamos con alegría de corazón y hacemos de ello un motivo de unión a la Pobreza del Resucitado.

Jesús tuvo una unión muy intensa con pobres, enfermos e indefensos, y una amistad profunda con algunos ricos pero bondadosos. Pero, por sobre todas las cosas, no olvidemos que los que lo enviaron a la Cruz fueron los ricos del lugar que no aceptaron que el Señor viniera a alterar su poder y comodidad, sus riquezas materiales, su dominio sobre los pobres. Y tú, rico o pobre, ¿qué haces con ello?

¿COMO SABEMOS QUE LA BIBLIA ES PALABRA DE DIOS?


La Biblia, como la conocemos hoy, fue escrita durante un período de casi 1500 años, por diferentes personas, en diferentes momentos de la historia de la humanidad, desde el tiempo de Moisés (unos 1400 años antes de Cristo) hasta la muerte del último Apóstol de Jesucristo, San Juan Evangelista, (unos 100 años después de Cristo).

La Biblia nos presenta el mensaje de salvación que Dios ha querido comunicarnos. En ella encontramos verdades de fe, acontecimientos históricos relacionados con la salvación, promesas de Dios, exigencias morales, todo esto dentro de una perspectiva eminentemente religiosa, que nos muestra las obras realizadas por Dios para llevar a los seres humanos a la intimidad con El y a la salvación eterna.

No significa esto que Dios “dictó” a cada autor su parte. En efecto, cada autor tiene su propia manera de expresarse, sus características especiales de pensamiento y de lenguaje, además de su idioma específico.

En ese sentido, entonces, el Autor principal de la Biblia es Dios mismo, y los escritores actuaron como instrumentos de Dios. Veremos, entonces, por qué la Iglesia puede enseñar como verdad que la Biblia es Palabra de Dios.

Sabemos que Jesucristo existió como personaje histórico, no sólo porque El es el personaje central de los Evangelios, sino porque la existencia de Jesús de Nazaret también se encuentra en documentos históricos no-cristianos, los cuales hablan de El, de su nacimiento en Belén, de la fundación del cristianismo por parte de Jesús, de su crucifixión a los 33 años de edad bajo Poncio Pilatos, y de la rápida difusión del cristianismo y los intentos del Emperador Nerón de liquidarlo (cf. Tácito, historiador romano; Flavio Josefo, historiador judío).

La Biblia y algunos libros no-cristianos, nos dicen que Jesucristo realizó grandes milagros, el mayor de los cuales fue haber resucitado, tal como El mismo había predicho. Y con sus milagros y su resurrección demostró que El es Dios.

Cristo, adicionalmente, instituyó su Iglesia y a ésta le prometió la asistencia del Espíritu Santo hasta el fin del mundo y la proveyó de autoridad para tomar decisiones en la tierra que El ratificaría en el Cielo: “Tú eres Pedro (o sea, Roca-Piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes del Infierno jamás la podrán vencer. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo” (Mt. 16, 18-19).

De tal forma que la Iglesia que Cristo fundó, guiada por Pedro, tiene el poder de decidir cuestiones que afectan a los miembros de la Iglesia en cuanto a la fe y la moral, las cuales están de antemano ratificadas por Dios. Lo que esto significa, podrá ser imponente -y lo es, ciertamente- pero por más impresionante que sea, no puede ser ni descartado, ni disminuido, pues es promesa de Dios que no puede ser negada.

Es así, entonces, como la Iglesia de Cristo ha tomado decisiones importantísimas a lo largo de sus casi dos mil años de existencia. Una de estas muy importantes decisiones fue haber escogido los escritos que formarían parte de la Biblia y declarar que la Biblia era Palabra de Dios.

Los libros del Antiguo Testamento, 45 en total, fueron coleccionados y preservados por las más altas autoridades religiosas de los Judíos. Jesucristo y los Apóstoles confirmaron la creencia general de los Judíos de que estos libros eran de origen divino. La Iglesia, entonces, agregó al Antiguo Testamento los libros que componen el Nuevo Testamento (27 en total): los cuatro Evangelios, el libro de los Hechos de los Apóstoles, las Cartas escritas por los Apóstoles a varias comunidades cristianas y a particulares, y el último de todos los libros de la Biblia, el Apocalipsis, que contiene las revelaciones hechas por Dios a San Juan Evangelista. Así fueron reunidos y preservados por la Iglesia los libros que conforman la Biblia (72 en total).

La primera aprobación de los libros de la Biblia fue hecha por el Concilio de Hipona en el año 393, confirmada por el Concilio de Roma en el 394, y más tarde ratificada por el Concilio de Trento en el siglo XVI.

Los Concilios Generales de Florencia (1442) y de Trento (1545-1564) proclamaron que Dios era el Autor del Antiguo y del Nuevo Testamento, y en 1870 el Concilio Vaticano I declaró que los libros de la Biblia, “habiendo sido escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por Autor y han sido trasmitidos como tales a la Iglesia”.

CONSEJOS PARA VIVIR PLENAMENTE LA SANTA MISA


Cuando de hablar de misa se trata, un sin fin de cosas se pueden decir.

Siendo la misa dominical el momento culminante de la semana de un católico, merece que le demos la importancia y el respeto que se merece. Por eso he querido publicar 10 consejos prácticos a tomar en cuenta para recibir las mayores gracias y beneficios de este encuentro con Dios tan especial. Espero que les sirvan y lo pongan en practica.

1.- Prepárate para ir a misa. Recuerda que el Domingo es el “día del Señor” (del latín Dominicus dei) y como tal deberíamos de entenderlo. Recomiendo que por lo menos una hora antes de ir a misa empieces a prepararte espiritualmente. No olvidemos que para poder recibir la santa comunión nuestro cuerpo debe de estar en un estado de gracia y ayuno óptimo. No ingerir alimentos una hora antes es importante.

2.- Arréglate. Dado que el domingo es un día de descanso, es común encontrar en misa a gente con playeras futboleras y ropa deportiva muy informal. Si nos ponemos guapos para ir a una primera cita con la mujer o el jóven de nuestros sueños ¿Por qué no habríamos de hacerlo para visitar al “amor” en sí mismo: Jesús? Formalidad en exceso no es requerida pero si una vestimenta semiformal que sea digna del rito.

3.- Siéntate hasta adelante. Parecería que sentarse en la fila de hasta adelante en cualquier actividad va contra la naturaleza humana (nunca he entendido por qué), pero este consejo tiene dos finalidades. Por un lado se trata de lograr evitar el mayor número de distracciones posibles durante la misa, ya que cuando nos sentamos o nos quedamos parados en la parte posterior de la Iglesia nuestra atención se suele ir con las personas que tenemos por delante o que entran y salen del recinto. Además, como segundo punto, para sentarse hasta delante suele ser necesario que adquieras el hábito de llegar temprano a la misa. Lo que me lleva de manera directa al siguiente consejo…

4.- Sé puntual. Y cuando me refiero a ser puntual no quiere decir que debes de llegar “en punto” sino por lo menos 10 o 5 minutos antes de iniciar la misa. Las iglesias normalmente avisas 30 minutos antes con campanadas el inicio de la siguiente misa. Es común que en algunas parroquias antes de cada misa se comience a rezar un rosario como atención a la Virgen María, así que puedes aprovecharlo. La intensión es que te valgas de esos momentos de silencio y reflexión antes de que llegue el sacerdote para preparar tu alma para el rito divino que está por suceder.
5.- Agenda los horarios de misa de las Iglesias más cercanas. En la ciudad en donde yo vivía hace unos meses (Cancún) era de gran ayuda que todos los domingos se publicara en el periódico de mayor circulación de la ciudad, los horarios de la misa dominical de todas y cada una de las Iglesias de la ciudad. Yo recorté este publicado y lo pegué en el corcho de la cocina de mi casa y me servía como referencia para consultar los horarios de misa a las que podía acudir en caso de que, por alguna razón, me fuera imposible asistir a la misa a la que yo habituaba. Dado que ahora en la ciudad de México no existe esta publicación (¡sería genial que perdieran le miedo a hacerlo!), lo que hice fue tomar una foto con mi celular del cartel que se muestra afuera de la Iglesia con los horarios de la misa. Lo mismo pienso hacer con las otras dos o tres iglesias que me quedan cerca.

6.- Tener el misal dominical. Tener un misal dominical ayuda mucho para poder aprovechar la misa. ¿Por qué? Porque normalmente las publicaciones de los “propios de la misa” (así se les dice) vienen acompañadas con reflexiones valiosas de parte de expertos, santorales, recordatorios de festividades de cada día así como otras explicaciones valiosas sobre la liturgia. Cabe mencionar que contar durante la semana con las lecturas que se harán el siguiente domingo es una excelente oportunidad para meditarlas previamente.

7.- Confiésate. El domingo es el día de la confesión por excelencia. ¿Por qué? Por que es el día en que, en la mayoría de las Iglesias, por lo menos se aseguran que un sacerdote está dedicado de tiempo completo a confesar. Haber preparado la confesión con anterioridad es crucial, de tal manera que también obtengamos el mayor beneficio de este sacramento. Ya publiqué un post sobre algunos consejos para hacer una buena confesión.

8.- Pide colaborar con las actividades propias de la misa. Coméntale al sacerdote sobre tu deseo de hacer una de las lecturas de la misa, que te permita acolitar, recolectar el diezmo o entregar las ofrendas (no es tan difícil como normalmente se cree). Si ya hay alguien designado para hacerlo (como debe ser) y por alguna razón no te es permitido participar en esta labor, sugiere apoyar previo a la misa o posterior a ella con otra actividad ¿Cual? Pues cualquiera que venga de tu iniciativa y que aporte algún valor: dirigir un misterios del rosario, entregar los misales en la entrada, ayudar a la gente adulta con dificultades para caminar a llegar a su lugar, entregar un boletín con una relfexión sobre el pasaje del evangelio que se va a leer, en fin… de lo que se trata es que te involucres activamente en la misa.

9.- Promueve la misa. No dejes que una reunión de amigos o un viaje te detenga para asistir a tu cita semanal con Dios. En todas las localidades del país existe una Iglesia que te ofrece la oportunidad de ir a misa todos los domingos. Si estás de viaje, invita a tus acompañantes a buscar una Iglesia para ir a misa el domingo. Si tienes pensado organizar un plan para salir a divertirte con tu familia o amigos el domingo, incluye dentro del plan el asistir a misa primero. “Qué les parece si nos vemos todos en la Iglesia, tomamos misa temprano, y de ahí nos vamos al teatro” Te sorprenderás de la respuesta positiva de la mayoría (en el interior a nadie le gusta decir que no a una misa).

Y el último y más importante…

10.- Disfruta la misa. No sientas que estás cumpliendo con un compromiso formal obligatorio. Acude a misa con la actitud de quien va a visitar a un amigo, de quien se sabe amado y bendecido. Céntrate en mirar, durante una hora, de frente a Cristo. Dialoga con Él en tu silencio y no dejes que nadie ni nada te perturbe. La misa es lo que le debe de dar sentido a toda tu semana. Si el sacerdote es un gran orador o no, no tiene importancia, él está ahí para hacer posible el sacramento de la eucaristía y eso es lo valioso.

Alguna vez escuché que alguien decía: “Si los católicos verdaderamente creyeran que Dios se hace presente en cada misa, nunca debería de querer salir de las Iglesias…”

APRENDAMOS DE LOS SACERDOTES


VEAMOS LA IMPORTANCIA QUE TIENE UN SACERDOTE EN NUESTRA FORMACION, NUESTRA VIDA Y EN LA COMUNIDAD, NO JUZGUEMOS, I CRITIQUEMOS, MEJOR DEJEMOS QUE SUS ENSEÑANZAS ENTREN Y PONGAMOS EN PRACTICA LO QUE APRENDAMOS EN ESTE ARTICULO.

En el uso de la Biblia y de la antigüedad cristiana, la palabra «Padre» se aplicaba en un sentido espiritual a los maestros. San Pablo dice a los Corintios: «Aunque tengáis diez mil preceptores en Cristo, no teneis muchos padres, porque sólo yo os he engendrado en Jesucristo por medio del Evangelio» (1 Co 4, 15.). Y San Ireneo de Lyon: «Cuando alguien recibe la enseñanza de labios de otro, es llamado hijo de aquél que le instruye, y éste, a su vez, es llamado padre suyo» (Contra los herejes 4, 41, 2.). Como el oficio de enseñar incumbía a los obispos, el título de «Padre» fue aplicado originariamente a ellos.

Coincidiendo con las controversias doctrinales del siglo IV, el concepto de «Padre» se amplía bastante. Sobre todo, el nombre se usa en plural—«los Padres», «los Padres antiguos», «los Santos Padres»—, y se reserva para designar a un grupo más o menos circunscrito de personajes eclesiásticos pertenecientes al pasado, cuya autoridad es decisiva en materia de doctrina. Lo verdaderamente importante no es la afirmación hecha por uno u otro aisladamente, sino la concordancia de varios en algún punto de la doctrina católica.

En este sentido, el pensamiento de los obispos reunidos en el Concilio de Nicea, primero de los Concilios ecuménicos (año 325), adquiere enseguida un valor y una autoridad muy especiales: es preciso concordar con ellos para mantenerse en la comunión de la Iglesia Católica. Refiriéndose a los Padres de Nicea, San Basilio escribe: «Lo que nosotros enseñamos no es el resultado de nuestras reflexiones personales, sino lo que hemos aprendido de los Santos Padres» (Epístola 140, 2.). A partir del siglo V, el recurso a «los Padres» se convierte en argumento que zanja las controversias.


Por qué conocer a los Padres


¿Por qué es tan importante, en el momento actual, el conocimiento de los escritos de los Padres? Hace pocos años, un documento de la Santa Sede intentaba responder a esta cuestión. Se dan en esas páginas tres razones fundamentales:

1) Los Padres son testigos privilegiados de la Tradición de la Iglesia.
2) Los Padres nos han transmitido un método teológico que es a la vez luminoso y seguro.
3) Los escritos de los Padres ofrecen una riqueza cultural y apostólica, que hace de ellos los grandes maestros de la Iglesia de ayer, de hoy y de siempre (4. Cfr. CONGREGACIÓN PARA LA ENSEÑANZA CATÓLICA, Instrucción sobre los Padres de la Igle- sia en la formación sacerdotal, 30-XI-1989.).

El análisis de estas afimnaciones puede servirnos para ilustrar cómo los escritos de estos autores constituyen un verdadero tesoro de la Iglesia; un tesoro cuyo conocimiento y disfrute no debería quedar reservado a unos pocos, ya que es patrimonio de todos los cristianos.

La doctrina predicada por Jesucristo, Palabra de Dios dirigida a los hombres, fue consignada por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo y entregada a la Iglesia. La Sagrada Escritura es, por eso, un Libro de la Iglesia: sólo en la Iglesia, a la luz de una Tradición que se remonta al mismo Cristo, puede ser adecuadamente entendida y transmitida a las generaciones posteriores. Las ciencias positivas de que hace uso la moderna exégesis constituyen, sin duda, un instrumento valiosísimo para profundizar en el contenido de la revelación, pero a condición de que no se utilicen fuera del sentir de la Iglesia, y menos aún, contra el sentir de la Iglesia. Cuando se cercena esta relación esencial existente entre la Biblia y la Iglesia, la Palabra de Dios queda desposeída de su virtud salvífica, transformadora de los hombres y de la sociedad, y se ve reducida a mera palabra de hombres.


Los Padres son testigos privilegiados de la Tradición

Los Santos Padres nos transmiten, con sus comentarios y escritos, la doctrina viva que predicó Jesucristo, transmitida sin interrupción por los Apóstoles a sus sucesores, los obispos. Por su cercanía a aquel tiempo, el testimonio de los Padres goza de especial valor.

Habitualmente se considera que su época abarca los siete primeros siglos de la Era Cristiana. Naturalmente, cuanto más antiguo sea un Padre, más autorizado será su testimonio, siempre que su doctrina resulte concorde con lo que Jesucristo reveló a la Iglesia, y su conducta haya estado en sintonía con esas enseñanzas.

Ortodoxia de doctrina y santidad de vida constituyen, pues, notas distintivas de los Padres. Algunos—no muchos en relación al total—han sido formalmente declarados tales por la Iglesia, al ser citados con honor por algún Concilio o en otros documentos oficiales del Magisterio eclesiástico. La mayoría, sin embargo, no han recibido esa aprobación explícita; el solo hecho de su antigüedad, unida a la santidad de su vida y a la rectitud de sus escritos, basta para hacerles merecedores del título de «Padres» de la Iglesia.

Como se ve, esas dos notas resultan esenciales. Por esta razón, si falta alguna, a esos escritores no se les cuenta propiamente en el número de los Padres, aunque sean muy antiguos. Muchos de ellos, sin embargo, son tenidas en gran consideración por la Iglesia, que les reconoce incluso una especial autoridad en algún campo. Resulta obvio aclarar que nunca se trata de autores que voluntariamente se apartaron de la unidad de la fe, como es el caso de los que fueron declarados herejes por algún Concilio. Se trata más bien de personajes que, de buena fe, erraron en algún punto de doctrina no suficientemente aclarado en esos momentos; muchas veces ese error es achacable más bien a sus seguidores. En estos casos, aun sin darles el título de «Padres», la Iglesia los honra como escritores eclesiásticos cuyas enseñanzas gozan de especial valor en algunos aspectos.


Los Padres nos transmiten un método teológico luminoso y seguro

Aunque a veces, desde el punto de vista técnico, los instrumentos de que disponían los Padres para el estudio científico de la Palabra de Dios eran menos precisos que los que ofrece la moderna exégesis bíblica, no hay que olvidar lo que poníamos de relieve al principio: que los Libros Sagrados no son unos libros cualquiera, sino Palabra de Dios entregada a la Iglesia, y sólo en la Iglesia y desde la Iglesia puede desentrañarse su más hondo contenido. En este nivel profundo, los Padres se constituyen en intérpretes privilegiados de la Sagrada Escritura: a la luz de la Tradición, de la que son exponentes de primer plano, y apoyados en una vida santa, captan con especial facilidad el sentido espiritual de la Escritura, es decir, lo que el Espíritu Santo—más allá de los hechos históricos relatados y de lo que se deduzca científicamente de unos concretos géneros literarios—ha querido comunicar a los hombres por medio de la Iglesia.

Por otra parte, a los Santos Padres debemos en gran parte la profundización científica en la doctrina revelada, que es la tarea propia de la teología. No sólo porque ellos mismos constituyen una «fuente» de la ciencia teológica, sino también porque muchos Padres fueron grandes teólogos, personas que utilizaron egregiamente las fuerzas de la razón para la comprensión científica de la fe, con plena docilidad al Espíritu Santo. En algunos campos, sus aportaciones a la ciencia teológica han sido definitivas. Y todo esto, sin perder nunca de vista el sentido del misterio, del que tan hambriento se muestra el hombre de hoy, gracias precisamente a su sintonía con el espíritu de la Sagrada Escritura y a su experiencia personal de lo divino.


Los Padres son portadores de una gran riqueza cultural, espiritual y apostólica

En los escritos de los Padres se encuentra una gran riqueza cultural, espiritual y apostólica. Predicaban o escribían con la mirada puesta en las necesidades de los fieles, que en gran medida son las mismas ayer que hoy; por eso se nos muestran como maestros de vida espiritual y apostólica. Constituyen además, especialmente en estos momentos, un ejemplo luminoso de la fuerza del mensaje cristiano, que ha de «inculturarse» en todo tiempo y lugar, sin perder por ello su mordiente y su originalidad. Resulta impresionante comprobar, en efecto, cómo los Santos Padres supieron fecundar con el mensaje evangélico la cultura clásica (griega y latina), cómo en algunos casos fueron creadores de culturas (en Armenia, en Etiopía, en Siria, por ejemplo), cómo sentaron las bases para la gran floración de la época medieval, pues prepararon la plena inserción de los pueblos germánicos, pertenecientes a una tradición cultural completamente diversa, en la raíz del Evangelio.

«Si quisiéramos resumir las razones que inducen a estudiar las obras de los Padres, podríamos decir que ellos fueron, después de los Apóstoles, como dijo justamente San Agustín, los sembradores, los regadores, los constructores, los pastores y los alimentadores de la Iglesia, que pudo crecer gracias a su acción vigilante e incansable. Para que la Iglesia continúe creciendo es indispensable conocer a fondo su doctrina y su obra, que se distingue por ser al mismo tiempo pastoral y teológica, catequética y cultural, espiritual y social en un modo excelente y, se puede decir, única con respecto a cuanto ha sucedido en otras épocas de la historia. Es justamente esta unidad orgánica de los varios aspectos de la vida y misión de la Iglesia lo que hace a los Padres tan actuales y fecundos incluso para nosotros» (CONGREGACIÓN PARA LA ENSEÑANZA CATÓLICA, Instrucción sobre los Padres de la Iglesia en la formación sacerdotal, 30-XI-1989, n. 47).

JOSÉ ANTONIO LOARTE
El tesoro de los Padres
Rialp, Madrid, 1998, págs. 13-18

EL DOGMA DE LA VIRGINIDAD PERPETUA DE MARÍA


Empecemos a descubrir algunas cosas que nos aclararan mas y para que comprendamos mas acerca de Maria Madre de Dios y Madre nuestra.

Al regreso de su visita a Isabel, María “volvió a su casa,” la de sus padres, familiares, o la de su esposo. Depende de si habían celebrado las bodas o sólo los desposorios.

Se plantea a este propósito un problema clásico: Cuando se descubre la concepción virginal milagrosa de Jesús, ¿María estaba sólo “desposada” con José o era ya su verdadera “esposa”? ¿Qué valor tienen las expresiones que se usan aquí para narrar esto?

Tres términos entran aquí en juego: son los siguientes:

El verbo μνηστεύω: casar o desposar; el verbo συνέρχομαι: cohabitar, vivir juntos en una casa, o también, aunque raramente, relaciones conyugales; el tercer verbo es παραλαμβάνω, que significa recibir, y, según algunos, “retener.”

Ante todo, conviene destacar que la tradición cristiana se divide al precisar el estado de María a la hora de la concepción virginal de su Hijo. Así, se encuentran representantes que interpretan el verbo “convenir” del uso matrimonial, y que, en este caso, sería la afirmación por el evangelista de no haber mediado en esta concepción ni antes del nacimiento relación conyugal alguna. Tales San Juan Crisóstomo, San Ambrosio y San Jerónimo.

No habiendo unanimidad en la tradición sobre este punto, parece lo más probable concluir, por la lectura del texto, que se trata del desposorio, por las razones siguientes:

a) El sentido normal del verbo παραλαμβάνω es el de “recibir.” En la lengua griega profana se usa también para expresar el matrimonio. Si se quiere suponer que María ya estaba casada, “el verbo debiera entenderse en el sentido de retener, conservar, mantener; pero tal sentido no lo tiene este verbo.” 14

b) En Mateo, el verbo παραλαμβάνω siempre se usa en el sentido de tomar a uno por socio; no de retener.

c) El verbo μνηστεύω, tanto en el griego clásico como en el de la koine, puede significar indistintamente casar o desposar. Es el contexto el que ha de decidir.

d) El verbo συνέρχομαι no parece que pueda significar, en este pasaje de Mt, relaciones matrimoniales, pues Mt mismo, o el traductor, expresa éstas en el mismo pasaje por el conocido eufemismo matrimonial hebreo de “conocer.” Así dice, probando la virginidad de María en la concepción y parto: “Y (José) no la conoció hasta que dio a luz su hijo.” ¿Por qué suponer que lo que es un término técnico hebreo, “conocer,” para indicar las relaciones conyugales, es expresado en el v.18 por un verbo que no es normal, cuando unos versículos después, y hablando del mismo tema, lo expresa por la traducción material del eufemismo hebreo (yada')(yoda') = conocer) técnico por relaciones conyugales? Ni en contra de eso estaría el que se llame a José “varón” de María si estuviese desposada. Ya que los desposorios (qiddushín)en Israel tenían casi el valor jurídico de matrimonio, por lo que “varón” puede traducir indistintamente a “marido” o “desposado” . Ni tampoco, por lo mismo, es objeción el que José piensa “repudiar” a María. Pues este término, si bien es técnico para indicar la disolución de un matrimonio; como el desposorio tenía unas características tan especiales en Israel, no se podía repudiar a una desposada si no era mediante el libelo de repudio.

Así, pues, antes de que José llevase a María a su casa — el matrimonio se solía celebrar al año siguiente del desposorio —, antes de que conviviesen, en cuyo acto consistía el acto jurídico matrimonial (nissuín),se halló que María había concebido “por obra del Espíritu Santo,” expresión que evoca el A.T. y donde se indica la acción “ad extra” de Dios. Expresión “post factum”; acaso pudiese aludir “por apropiación” al E. S. persona. Este hecho produjo un desconcierto en José, pues su “desposorio” era ya un cuasi contrato formal de matrimonio. ¿Qué hacer?

Podría denunciarla ante un tribunal para que anulase “legalmente” el desposorio; retenerla, celebrando el matrimonio y llevarla a su casa; repudiarla, bien en público, excusándola y sin pedir castigo, o privadamente, mediante “libelo de repudio” ante dos testigos y sin alegar motivo. Y por fin, dejarla ocultamente marchándose de Nazaret y dejando que las cosas se olvidasen.

José, porque era “justo” (δίκαιος), es decir, porque era recto en su conducta ante Dios y ante los nombres — aunque en este término caben muchos matices—, determina “repudiarla en secreto,” darle el libelo de repudio secretamente y sin fecha para que ella pudiese salvar mejor su honor. José ante los hechos cree en el honor de María; si no, hubiese obrado de otra manera.

Sin embargo, por un sentido de honor, socialmente redundante en su Hijo, se pensaría que el matrimonio, jurídicamente, ya se hubiese celebrado.
Cuando pensaba realizarlo, después de fuertes dudas y reflexiones, llegó la intervención divina a través de “un ángel del Señor.” Fue en “sueños.” En Mt estas manifestaciones son, como en el “documento elohísta” del A.T., en sueños; en Lucas, con apariciones. En él se le revela el misterio que se ha realizado en María. No debe “temer” en tomarla por esposa, pues no es ningún mal, sino un gran privilegio para él la obra de la acción divina.

Y se le ordena que le ponga por nombre Jesús. María “dará a luz un hijo,” pero tú “le llamarás Jesús.” Es José quien va a transmitir al niño “legalmente” los derechos mesiánicos, pues es de la casa de David (v.20). Jesús, que es su nombre propio y el que contiene la misión que viene a realizar, transcripción del arameo Yeshuá, es decir, “Dios salva,” porque “salvará a su pueblo de sus pecados.” Interpretación del evangelista o su “fuente.” Obra eminentemente espiritual, frente al mesianismo político y nacionalista esperado. La fórmula con que Mateo transmite esta obra del Mesías es la misma con la que se habla de Yahvé en los Salmos: “El (Dios) redimirá a Israel de todos sus pecados” (Sal 130:8). Jesús, el Mesías, realizará lo que se esperaba en el A.T. que haría el mismo Dios. Sugerencia muy fuerte, ya en el comienzo del evangelio, de que ese niño era Dios.
La Profecía del Emmanuel, 1:22-23.

Mateo ve en este hecho de la concepción de Jesús el cumplimiento del vaticinio de Isaías sobre el Emmanuel (Is 7:10-16). Precisamente sucede “para que se cumpliese lo que el Señor había anunciado por el profeta.” Mateo da aquí una interpretación de esta profecía, bastante olvidada en la tradición judía, pues sobre el origen del Mesías, unos sostenían una cierta preexistencia divina en Dios, con una aparición gloriosa, y otros un Mesías puramente humano aunque de origen oculto. Sin embargo, es una profecía mesiánica19. El mismo Mateo, al citar esta profecía, pone en lugar de la 'Almah, que significa de suyo mujer casada, “virgen,” por depender en su versión de los LXX, que ya usan esta palabra y porque es exigida por el contexto y paralelos verbales del A.T. 19
José Acepta la Paternidad “Legal” de Jesús, 1:24-25.

Resueltas todas las dudas, José recibe a María por esposa, llevándola oficialmente a su casa, y acepta la paternidad “legal” de Jesús. Y añade el evangelista que no la “conoció” “hasta que” dio a luz a su hijo. El verbo “conocer” (yada')es usado normalmente por las relaciones conyugales, y también es de sobra conocido el hebraísmo “hasta que” ('ad-ki),con el que sólo se significa la relación que se establece a un momento determinado, pero prescindiendo de lo que después de él suceda. Así, Micol, mujer de David, “no tuvo más hijos hasta el día de su muerte” (2 Sam 6:23; Gen 6:7; 2 Re 15:5). Cuando la expresión intenta sugerir un cambio posterior, se explícita en el contexto (Gen 24:33; Act 23:12.14.21). A veces, la frase, perdiendo su sentido subordinado, introduce un nuevo e imprevisto suceso (Dan 2:34; 7:4.11). Así interpretado el texto de Mt no intentaría tanto expresar la inviolabilidad de María — sobrentendida su fecundación sobrenatural —, cuanto subrayar la paternidad legal de José. Además es conocido el uso frecuente de esta fórmula para indicar una exclusión. Entonces su sentido sería: “María dio a luz sin relación conyugal con José.”

jueves, 13 de mayo de 2010

LA CONFIANZA EN DIOS


En la vida siempre encontrarás sufrimientos, preocupaciones, problemas, pérdidas, enfermedades... pero debes llevarlos como hijo de Dios, sin agobios inútiles, sin rebeldía o tristeza. Jesús enseña lo que debes hacer si sientes que el mundo se te viene encima, cuando la cruz es grande y sientes que no puedes más.

LA TEMPESTAD CALMADA

Un día subió Jesús a una barca con sus discípulos y les dijo: ¨Crucemos a la otra orilla del lago¨. Mientras navegaban, Jesús se durmió. De repente se desencadenó una tormenta sobre el lago y la barca se fue llenando de agua a tal grado que peligraban. Se acercaron a Él y lo despertaron: ¨Maestro, Maestro, ¡estamos perdidos! Jesús se levantó y dió una orden al viento y al mar, y todo volvió a la más completa calma. Después les dijo: ¿ Por qué tienen miedo? ¿dónde está su fe?.




LOS PROBLEMAS Y EL MIEDO

- Todos pasamos por situaciones difíciles en nuestra vida: debilidades personales, enfermedades, dolor, pérdida de un ser querido, dificultades en el trabajo o de dinero, problemas de los hijos o de los padres, calumnias, infamias, injusticias...y ¿ cuál es tu reacción?. Miedo, angustia, temor, excesiva preocupación.
Sabes ¿por qué? ... porque buscas apoyarte solamente en ti mismo, en lo que tú piensas, en lo que tú sientes, en lo que tú podrías hacer para resolver las cosas... te apoyas solamente en tus fuerzas humanas y casi siempre el problema es mucho más grande que tú.


Te olvidas de algo muy importante: Dios está siempre contigo, Él todo lo puede en todo momento. Él es tu seguridad. En momentos difíciles, Dios nunca se olvida de ti.

SI DIOS ESTA EN TU ALMA, LO DEMÁS ES PASAJERO


- Nunca olvides que fuiste creado por Dios para llegar a Él, para vivir eternamente en el cielo con Él y que todo lo de esta vida (por importante que parezca) es transitorio, es decir, que pasa.
- Esta es la medicina para barrer con los miedos.

A LO ÚNICO QUE SÍ HAY QUE TENERLE MIEDO

- Lo único a lo que debes tener gran temor y miedo en la vida es a pecar y a perder la amistad de Dios, porque entonces sí habrás perdido lo más importante


¿ POR QUÉ PERMITE DIOS QUE YO TENGA PROBLEMAS ?


- Cuando sientas que el mundo se te viene en-cima, que estás lleno de problemas piensa que:

A Dios lo que más le importa de ti, es que logres salvarte y a veces permite que vivas momentos difíciles o dolorosos porque sabe que esto te dará la oportunidad de estar más unido a Él, de ser mejor, más santo; en otras palabras que es bueno para tu camino de salvación. A veces el dolor purifica el alma, te hace que crezcas, seas mejor y sobre todo te da la oportunidad de ofrecerlo y de que ames más a Dios. En tus manos está el que aproveches esta oportunidad para ser más santo o para alejarte de Dios.

Compara lo anterior con esto: un padre ama tanto a su hijo enfermo que permite que el doctor le ponga una inyección, porque sabe que aunque en ese momento le duela, es por un bien mayor (curarlo y que esté sano). Tú, como el niño, aunque no entiendas, debes reflexionar que si tu Padre Dios permite ese dolor, es por un bien mayor.
¿ POR QUÉ CONFIAR EN DIOS ?

- ¨Fíjense en las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, no guardan alimentos en graneros y, sin embargo, el Padre del cielo, el Padre de ustedes las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que las aves ?.


- Debes confiar en Dios porque sabes que Él es tu Padre y que te ama infinitamente, te ama mucho, mucho más de lo que tú te puedes imaginar. Si te ama, te escuchará, te ayudará y buscará tu bien.

- El hombre que reflexiona que es hijo amado de Dios, no pierde la tranquilidad, la paz y la alegría ni en los peores momentos.


¡ TODO ES PARA BIEN !


- Dios quiere lo mejor para ti, sabe lo que necesitas. Su mirada alcanza esta vida y la eternidad . Él sabe bien lo que hace y lo que permite. Todo está dirigido para tu bien.
Aprende a ver el amor que Dios te tiene tanto en las cosas buenas que te pasan como en las adversidades.

EL AFÁN DE CADA DIA

- En el Evangelio nos dice Jesús: ¨No andéis agobiados por el día de mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. Le basta a cada día su propia preocupación.
- El ayer ya pasó, el mañana no sabes si llegará para ti. No hay razón para andar angustiado y agobiado por qué pasará el día de mañana.

Dios te dará las fuerzas necesarias para enfrentar lo que traiga consigo.
- Lo que importa es el hoy: es el que tienes para amar y santificarte. A veces puedes sufrir la tentación de querer dominar también el futuro y olvidas que la vida está en manos de Dios. No seas como el niño impaciente que lee un cuento y salta las páginas para ver como acaba la historia.

- Pero no confundas el ¨no preocuparte¨, con el ¨no ocuparte¨ de hacer lo que debas por resolver tus problemas, de trabajar por procurarte un futuro bueno. El abandonarse en las manos de Dios no significa que te quedes sentado a que se resuelvan tus problemas y todo te caiga del cielo, significa ser responsable, poner todo lo que está en tus manos y después, dejar, confiar, abandonar el resultado en manos de Dios.

ORAR MUCHO

- Para conseguir la ayuda de Dios, debes pedírsela en la oración.
- En ocasiones Dios te hace esperar, otras veces rectifica lo que le has pedido y te concede lo que realmente necesitas; otras màs, no te concede lo que pides, porque sin darte cuenta estás pidiendo un mal que tú crees que es un bien.

- Tu oración debe de ser :
a) con humildad--- reconociendo que tú solo no puedes nada y que Dios puede todo.
b) con constancia --- pedir todos los días.
c) con perseverancia --- seguir pidiendo , aunque no sientas respuesta.
d) con confianza --- sabiendo que Dios es tu Padre que te ama y busca tu bien.
e) con serenidad --- porque Dios sabe bien las necesidades que tienes, lo sabe mucho mejor que tú.

LA VOLUNTAD DE DIOS

- Muchas veces los hombres no sabemos lo que es bueno para nosotros, y lo peor es que creemos saberlo. Tú tienes tus propios planes para tu felicidad, y demasiado a menudo miras a Dios simplemente como alguien que te ayudará a realizarlos.
- Las cosas son totalmente al revés. Dios tiene ¨sus planes¨ para tu felicidad y está esperando que le ayudes a realizarlos. Y quede bien claro que tú no puedes mejorar los planes de Dios.
- Reflexiona esto una y otra vez, todos los días y entonces podrás abandonarte con serenidad, incluso ante la dureza de aquello que no comprendes y que te causa dolor y preocupación.
Nunca olvides que Dios te quiere feliz aquí en el mundo, pero te quiere aún más , feliz con Él para siempre en el cielo.

- La SANTIDAD es conocer, amar y cumplir la voluntad de Dios. Amar y cumplir con alegría aquello que Dios te manda cada día a lo largo de tu vida.

10 CERTEZAS PARA SER CATOLICO


Cuántas veces me he preguntado: ¿Quién soy? ¿Qué hago en este mundo? ¿A dónde voy? ¿En qué creo? ¿Voy por el camino correcto? Ahora, es un buen momento para reflexionar, y darle un nuevo sentido a mi vida. Es por eso que ahora les tengo 10 certezas, ideas o verdades que siempre deben recordar para ser ¡un católico bueno y fiel hasta el día de tu muerte!


LAS 10 CERTEZAS

1. DIOS ME AMA

- La primera idea que tengo que tener siempre clara y presente es que Dios me creó y me ama.
- Dios me conoce y me ama como si fuera su único hijo, me ama gratuitamente, sin que me lo merezca, me ama siempre, no importa si me porto bien o mal. Dios me ama infinitamente, es decir que su amor por mi es tan grande que no se puede medir.
- Dios está siempre pendiente de mí, cada segundo de mi vida. No se cae un solo cabello de mi cabeza sin que Él lo permita.
- Dios me espera al final de mi vida en el cielo para que viva con Él felicísimo por toda la eternidad.
- ¿Cómo debo responder yo ante tanto amor de Dios hacia mí?


2. LA RESPUESTA Al AMOR QUE DIOS ME TIENE. ES CORRESPONDERLE CON AMOR Y DELICADEZA
- Dios me hizo 'libre', es decir que yo puedo decidir por mí mismo la respuesta que quiero darle.
Podría elegir el que no me importara su infinito amor; entonces sería un hijo malagradecido.
- La única manera de responderle a Dios, que tanto me ama, es amándole muchísimo también yo.
- ¿Pero cómo puedo demostrarle a Dios que lo amo? ¿Cuál es la manera de agradar a Dios?


3. CONOCER, HACER LA VOLUNTAD DE DIOS ES EL ÚNICO CAMINO SEGURO PARA AGRADAR A DIOS PARA SER FELIZ

- ¿Qué es hacer la voluntad de Dios? Es saber que Dios quiere que sea bueno, que cumpla sus mandamientos, que en cada momento de mi vida, elija siempre el bien y nunca el mal, que ame a todos mis hermanos, los que me caen bien y los que no me caen tan bien.
- Hacer su voluntad es decirle siempre un Si alegre a lo que Él me va pidiendo en la vida, a veces cosas que me gustan, a veces cosas que me cuestan trabajo o que me duelen.
- ¿Cómo puedo conocer la voluntad de Dios? La puedo conocer estando muy pendiente para observar con el corazón lo que va pasando en mi vida, tomando tiempo para "reflexionar" , pensar cómo estoy viviendo y no vivir al aventón lo que va llegando.
- Puedo conocer la voluntad de Dios rezando mucho, platicando mucho con Dios, hasta escuchar en mi interior su voz que me dice lo que quiere de mí.

4. DIOS ME ELIGIO PARA CUMPLIR UNA MISIÓN

- Yo soy único y diferente a todos los demás. Mi situación de vida es única y diferente a la de los demás.
- Dios me puso en un lugar específico (en México en una ciudad, en un pueblo), dentro de una familia con una religión católica, con un estado civil (soy casado, o soy soltero, soy hijo, soy papá o mamá), con una profesión (soy estudiante, o soy obrero, o soy campesino, o soy ama de casa...) y así con muchas características más (con mis propias cualidades o talentos y con mis defectos). Es AHÍ, donde me puso Dios, donde está el CAMINO para cumplir mi misión: ser un buen padre, hijo, esposo, trabajador, estudiante...
- ¿Cuál es mi misión entonces? Mi misión es hacer con un gran amor aquello que Dios quiere que haga en el lugar especial en el que me puso.


5. PARA LLEGAR AL CIELO TENGO QUE CUMPLIR MI MISIÓN. DIOS ME HA DADO TIEMPO. LIBERTAD. TALENTOS Y SU GRACIA

- Usando mi libertad debo aceptar plenamente mi misión. Lo que a mí me toca hacer en este mundo, nadie más lo puede hacer por mí (por ejemplo: nadie educará a mis hijos, nadie más hará el bien que yo puedo hacer...).
- Mis años de vida, son el tiempo que Dios me regala para cumplir mi misión. Este tiempo lo debo aprovechar al máximo y no desperdiciarlo.
- Dios me ha dado ciertos talentos y cualidades que debo desarrollar al máximo (por ejemplo: si tengo facilidad para hablar, de convencer, debo usar este talento para acercar a las personas al bien y no para hacer cosas malas). Jesús nos dice: "Al que más se ha dado, más se le exigirá".
- Pero lo más hermoso es que Dios me ofrece en cualquier momento su gracia, es decir AYUDA para que yo pueda cumplir mi misión. Sólo es más difícil, con Él todo lo puedo lograr.


6. DIOS QUIERE QUE LE DEMUESTRE MI AMOR SIRVIENDO Y DEFENDIENDO A LA IGLESIA. DANDO MI VIDA POR LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS

- Jesucristo antes de irse de este mundo, fundó la única y verdadera iglesia: la Iglesia Católica. ¡Yo soy miembro de la Iglesia Católica!
- Desgraciadamente hoy existen muchas sectas desviadas, que atacan nuestras creencias y tratan de convencer a nuestros hermanos católicos, confundiéndolos para que se vayan con ellos, por un falso camino lleno de errores.
- Dios me quiere a mí participando con la Iglesia, para tener cada vez una fe más profunda y fuerte; quiere que le ayude a acercar a mi familia, a mis amigos, a mis conocidos, a las personas que no le conocen o que están alejadas de Él.
- Jesucristo necesita de mi, de mis manos, de mi voz, de mi trabajo para sembrar su semilla.
- Reflexiono. ¿Cuánto tiempo, cuánto esfuerzo utilizo para lograr cosas que no me llevaré cuando muera? ¿Cuánto tiempo y esfuerzo dedico a la salvación de mi alma y de los que amo?


7. CRISTO ES EL CAMINO ÚNICO AL PADRE Y ES EL CAMINO PERFECTO.

- Jesucristo, siendo Dios, por amor se hizo hombre, nació de María Virgen y con su vida, con su ejemplo, me enseñó como debo actuar, cuál es el camino para llegar al cielo.
- Basta leer los Evangelios, la parte de la Biblia donde se nos narra la vida de Jesús, para aprender cómo era Jesús, cómo pensaba Jesús, cómo actuaba Jesús. Yo debo tratar de imitarlo, de ser como Él. Viviré gritando en el fondo de mi corazón ¡Viva por siempre mi Cristo Rey!


8. SÓLO CRISTO ES FIEL V NO ME FALLARÁ

- En la vida puedo estar totalmente seguro de que Cristo me ama infinitamente y siempre estará a mi lado, en las buenas y en las malas. Él es el único que nunca me abandonará.

9. SOLO SI PERMANEZCO UNIDO A LA VID. TENDRÉ FRUTO


- Ser fecundo, dar frutos, dar buenos resultados en mi vida, yo sólo, es casi imposible porque soy un ser humano imperfecto, que cae una y otra vez. Sin embargo, si permanezco unido a Jesús no hay nada imposible, porque Él me ayudará en todo.
- ¿Cómo puedo mantenerme siempre cerca de Jesús? Platicando en mi interior con Él muchas veces en el día, leyendo la Biblia, aprendiendo el Catecismo, asistiendo a Misa, recibiendo a Jesús en la comunión como alimento de mi alma, confesándome cuando le ofendo y me alejo de Él, y sobretodo, amando y perdonando a mi prójimo.


10. LA CRUZ ES LA COMPAÑERA DEL CATÓLICO Y SIGNO DE FECUNDIDAD
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- En la vida de todo católico fiel, siempre habrá dificultades, obstáculos, problemas, penas, dolores. Cristo nos dijo claramente: "El que quiera venir en pos de mí que tome su cruz y me siga". No tendré miedo de la cruz pues Jesús estará siempre a mi lado. ¡Un católico fiel ama hasta que duela!

LA APARICION DE LA VIRGEN DE FATIMA


En octubre de 1917, tres jóvenes pastores portugueses, Lucía dos Santos y sus primos Jacinta y Francisco Marto, proclamaron haber presenciado una aparición de la Virgen María. La visión de María es hoy popularmente descrita como Nuestra Señora de Fátima.

El 13 de mayo, la Virgen María confió tres secretos - en forma de profecías - a los jóvenes visionarios. Dos de los secretos se revelaron en 1941, en un documento escrito por Lucía para ayudar con la canonización de sus primos, mientras el tercero debía quedarse en secreto, aunque el Obispo de Leiria ordenara a Lucía ponerlo en escrito para presentarlo al Papa. Lucía escogió la fecha de 1960 para revelar el secreto, porque ella dijo pensar que "para entonces será más claramente entendido". El texto del tercer secreto fue liberado por el Papa Juan Pablo II, el 26 de junio del 2000.


Primer Misterio: El primer secreto era una visión del Infierno:

Nuestra Señora nos mostró un gran mar de fuego que pareció estar bajo la tierra. Hundido en este fuego estaban demonios y almas en la forma humana, como ascuas transparentes de ardor, todo bronce ennegrecidos o bruñidos, flotando cerca de la conflagración, ahora levantados en el aire por las llamas que saltaron de dentro de sí mismos junto con grandes nubes de humo, ahora recurriendo a cada lado parecidas a chispas en un fuego inmenso, sin el peso o el equilibrio, y entre chillidos y gemido de dolor y desesperación, que nos horrorizó y nos hizo temblar de temor. Los demonios podrían ser distinguidos por sus aterradoras y repulsiva formas semejantes a animales espantosos y desconocidos, todos negros y transparentes. Esta visión duró por un instante. Cómo pudimos jamás estar suficientemente agradecidos a nuestra Madre celestial amable, que ya nos había preparado prometiendo, en la primera Aparición, para tomárnos al cielo. De otro modo, yo pienso que habríamos muerto del temor y el terror....

Segundo Misterio: El segundo incluyó las instrucciones de María de cómo salvar las almas del Infierno y reconvertir el mundo a la cristiandad:

Ustedes han visto el infierno donde las almas de los pobres pecadores van. Para salvarlos, Dios desea establecer en la devoción de mundo al Corazón Inmaculado. Si lo que digo a usted es hecho, muchas almas se salvarán y habrá la paz. La guerra terminará: pero si las personas no dejan de ofender Dios, una peor estallará durante el Papado de Pío XI. Cuándo ustedes vean una noche iluminada por una luz desconocida*, sepan que esto es el gran signo dado a ustedes por Dios que él está a punto de castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, el hambre, y las persecuciones de la Iglesia y del santo Padre. Para prevenir esto, yo vendré a pedir la consagración de Rusia al Corazón Inmaculado, y a la Comunión de reparación en los Primeros sábados. Si se hacen caso de mis pedidos, Rusia se convertirá, y habrá la paz; si no, ella esparcirá sus errores a través del mundo, causando las guerras y las persecuciones de la Iglesia. El bueno será martirizado; el santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Al fin, el Corazón Inmaculado triunfará. El santo Padre consagrará Rusia a mí, y ella será convertida, y un período de paz será otorgado al mundo.

Tercer Misterio: Debido a la larga demora para revelar el tercer misterio, existen numerosas y variadas teorías que han circulado en la Iglesia y fuera de ella. Algunas proclaman que habla de la guerra nuclear, la deposición del Papa, el asesinato de un Papa, o del reemplazo de un Papa por un impostor. Finalmente, durante una visita a Portugal para la beatificación de los videntes Francisco y Jacinta (Lucia estaba todavía viva), el Papa Juan Pablo II anunció por medio de su Secretario de Estado, el Cardenal Angelo Sodano, que él había decidido hacer público el texto del tercer misterio. Unos pocos meses más tarde, el texto fue liberado por el Vaticano, junto con una discusión del significado del texto.

Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: « algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él » a un Obispo vestido de Blanco « hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre ». También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios.

Especulaciones sobre el Tercer Misterio. En 1984 el entonces cardenal Joseph Ratzinger (hoy Papa Benedicto XVI) dijo que el Tercer Misterio pertenecía a "... los peligros que amenazan la fe y la vida del cristiano, y por lo tanto del mundo. Y entonces la importancia del 'novissimi' (los últimos acontecimientos a fines de tiempo)".

El obispo de Fátima, Cosme do Amaral dijo en 1984: "Su contenido concierne sólo a nuestra fe. Para identificar el [Tercer] Misterio con anuncios catastróficos o con un holocausto nuclear deberá deformar el significado del mensaje. La pérdida de la fe de un continente es peor que la aniquilación de una nación; y es verdad que esa fe disminuye continuamente en Europa."

El cardenal Mario Ciappi, teólogo papal bajo Pablo VI y Juan Pablo II escribió: "En el Tercer Secreto se predice, entre otras cosas, que la gran apostasía en la Iglesia empezará en lo alto."

El Papa Juan Pablo II contó en 1980 que sus antecesores no liberaron el secreto "por no alentar el poder del mundo comunista a hacer ciertos movimientos". Criticó a las personas que desearon conocer el misterio sólo por mera curiosidad y sensacionalismo sin querer -- o sintiéndose que harían bien -- para tomar medidas en sí mismo contra el mal. Tomando un rosario él concluyó: "Aquí está el remedio contra este mal. Ore, ore, y no pida nada más. Salga todo más a la Madre de Dios."

El 11 de mayo de 2010, el Papa Benedicto XVI dijo, al viajar en avión a Portugal para cumplir una visita pastoral, que los "sufrimientos" actuales de la Iglesia por los abusos sexuales contra niños cometidos por sacerdotes forman parte de los que anunció el "tercer secreto de Fátima".