viernes, 27 de julio de 2012

EL SER HUMANO BUSCA LA NOVEDAD




Siempre buscamos la novedad, lo nuevo en el mercado, en la moda, en los inventos......etc. Se supone que sea para el bien de todos, para mejor calidad de vida y para el servicio de la humanidad. Pero, no todo es para el bien de la humanidad cuando se hace mal uso o con fines de poder y egoísta de algunos o muchos. El hombre ha llegado al conocimiento de la energía nuclear; su poder lo podríamos usar para producir energía eléctrica y bienestar para todos, como para la destrucción de la humanidad en el planeta Tierra.
El avión para fines favorables en la locomoción rápida de la humanidad, como para fines de guerra y destrucción de vidas humanas. 

Lo mismo para la caza de animales usamos el rifle, como también podemos quitarle la vida a una persona, familias enteras o grupos de personas. Y así sucesivamente podríamos traer otros ejemplos. Pero, quien es el SUJETO que con su mente, corazón, manos, pies y con todo su ser esta detrás del avión, el rifle, la energía nuclear.....etc. De todo lo existente y disponible a nosotros, PUES UNA PERSONA O PERSONAS. Seres dotados con dos manos, dos pies e inteligencia al cual llamamos hombre y mujer. Seres que conocen y saben hacer el BIEN, como también hacer el MAL.

Cuando tomamos un cuchillo en nuestras manos, con el podemos hacer un bien, como también podemos hacer un daño destructivo (Un mal). Lo que conocemos por BIEN, se hace por amor, lo mueve la caridad a sí mismo o al otro(a). Crea paz, armonía, vida, salud mental y un bienestar a nivel de familia, comunidad, de pueblo y nación. Lo que conocemos por MAL, su nombre correcto sería  PECADO. El MAL es la ruptura con el BIEN, lo opuesto. Es anti-vida, trae llanto, miedo, destrucción de familias, de amistades, de pueblos, valores humanos y religiosos.

 Al hombre o la mujer inclinarse y hacer el MAL (pecar), no solamente ofende al semejante (prójimo), también ofende a Dios que es todo AMOR y de El procede todo BIEN. Hay personas que niegan y no se dan cuenta que el PECADO (el mal) existe. El sujeto que ejecuta un bien, como además el mal, somos nosotros.

Dios nos manda que hagamos solamente el BIEN y dejemos de hacer el MAL para que seamos verdaderamente hijos e  hijas de Él.  Jesucristo nos dejo el Sacramento de La Reconciliación (Confesión) en Su Iglesia Universal (Católica). Sacramento para todos, para toda la humanidad. Es Reconciliarse con Dios, con uno mismo y con los demás (prójimo).  Si no hubiera pecados en el mundo, no hubieran guerras entre los hombres, robos, hambre, enfermedades, mentiras, divorcios, hijos abandonados, maltratados, cárceles, campos de concentraciones, torturas físicas y mentales......etc.

Tampoco habrían hombres y mujeres ADICTOS al VICIO de la pornografía, a las inmoralidades, a las bebidas alcohólicas (borrachos), la droga, al sexo desordenado, al chisme y hablar mal del otro(a), la prostitución masculina y femenina, la violación, el aborto (asesinatos de los no nacidos).........etc.

EL MUNDO TIENE SED Y HAMBRE





Sed y hambre de qué?...

  De la misma forma que nuestro cuerpo físico necesita satisfacer la sed con el agua y su hambre con la comida, nuestro Espíritu (Alma) necesita además alimentarse ante su sed y hambre que también padece. Pudiera ser: Sed y Hambre de Justicia, de Amor, de Perdón, de Comprensión, de una Palabra de aliento, de Amistad sincera, de Verdad.....DE DIOS.  Jesucristo testifico ante el Maligno (enemigo de las cosas de Dios) lo siguiente: " NO SOLO DE PAN VIVE EL HOMBRE, SINO DE TODA PALABRA QUE SALE DE LA BOCA DE DIOS”. Nuestras familias, pueblos, naciones y nosotros mismo, en su mayoría, viven ajenos a los mandatos de Dios y buscan satisfacer su sed y hambre espiritual en lugares, estilos de vida, leyes, modas, ideas filosóficas seculares.........etc.

Para apagar la sed y el hambre espiritual que padecen. Y podemos enumerar muchos más delitos que van contra Las Leyes Divinas. Cuando no se busca satisfacer la sed y el hambre espiritual en LA FUENTE DE VIDA verdadera, que es Jesucristo y dadas a Su Iglesia que El fundo, las consecuencias son atroces. Podemos enumerar algunas: Aumento en los crímenes, guerras entre pueblos, aumento en el uso de las drogas y el alcoholismo, aumento en los divorcios, familias destruidas, infidelidades, niños(as) abandonados, maltratados, abusados, sin un padre en la casa. 

Aumento en los robos, corrupción, falta de sinceridad por muchos gobernantes y donde se manipula las mentes con las mentiras. Aumento en los placeres sexuales desordenados, donde la humanidad es llevada por caminos inmorales y falta de moral cristiana. Aumento en la prostitución de ambos géneros sexuales bajo el pretexto de igualdades y derechos de los homosexuales, lesbianas, bisexuales y heterosexuales en algunos casos. Desintegración de la familia creada en el amor entre un hombre y una mujer con el fin de cooperar en el Plan de Dios y traer hijos(as) al mundo físico. 

Los valores éticos y morales cristianas se pisotean en muchos países y la industria asesina de niños y niñas no nacidos en las clínicas de aborto actúan impunes y amparadas por las leyes de los hombres. Nuestro Padre Celestial, Padre amoroso, sabe de qué estamos hechos  y por eso envió a Su Hijo Jesucristo a la Tierra para liberarnos del pecado y vivir una vida conforme a Sus Deseos. Jesucristo en EL PAN BAJADO DEL CIELO y sus palabras en la Ultima Cena, que tuvo con sus discípulos, nos dejo su Cuerpo y Su Sangre como alimento y bebida bajo las especies de Pan y de Vino. 

Mandato Absoluto que le dejo a Su Iglesia y que por más de dos mil años la Iglesia Católica celebra ese misterio de fe en la Santa Misa. Además, Jesucristo nos dejo Su Palabra en anuncios evangélicos: El Perdón de los pecados y demás Sacramentos en Su Iglesia Católica = Universal para APAGAR LA SED Y HAMBRE ESPIRITUAL de cada uno de aquellos que lo buscan sinceramente y decididos a cambiar de rumbo en sus vidas y tomar el ÚNICO Y VERDADERO CAMINO AL PADRE DE LOS CIELOS, y ese es Cristo Jesús.


miércoles, 6 de junio de 2012

SIN AMOR LA VIDA NO TIENE SENTIDO

  
Los hombres de hoy necesitamos más que nunca hacer una verdadera experiencia del amor, muchas veces estamos tan enfrascados en nuestro pequeño mundo, en nuestros problemas, que no vemos más allá de nuestros reducidos horizontes. Abramos el corazón a aquellas palabras de Jesús: "No hay más amor que el que da la vida por sus amigos" o "El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y haremos en Él nuestra morada". Aunque nos cueste creerlo, está al alcance de nuestra mano el que seamos morada de Dios, el que Dios habite en mí. Seamos generosos aprovechando las oportunidades que en cada momento se nos presentan.

¡Qué sabias y hermosas son las palabras del Papa Juan Pablo II cuando decía!: "Amar es, por tanto, esencialmente entregarse a los demás. Lejos de ser una inclinación instintiva, el amor es una decisión consciente de la voluntad de ir hacia los otros. Para poder amar de verdad, conviene desprenderse de todas las cosas y, sobre todo, de uno mismo; dar gratuitamente, amar hasta el fin" (Juan Pablo II, 1980).

Así, el amor es fuente de equilibrio. Es el secreto de la felicidad. ¿Qué pasa si una persona no aprende a amar? la vida, tu vida o mi vida dejan de tener sentido; urge cultivar el amor, urge vivir amando, no se puede vivir sin trasmitir el amor, de lo contrario, descubrirán que en realidad no amamos:


La inteligencia sin amor...Te hace perverso.
La justicia sin amor...Te hace implacable.
La diplomacia sin amor...Te hace hipócrita.
El éxito sin amor...Te hace arrogante.
La riqueza sin amor...Te hace avaro.
La docilidad sin amor...Te hace servil.
La pobreza sin amor...Te hace orgulloso.
La verdad sin amor...Te hace hiriente.
La autoridad sin amor...Te hace tirano.
El trabajo sin amor...Te hace esclavo.
La pasión sin amor...Te hace promiscuo.
La oración sin amor...Te hace introvertido.
La ley sin amor...Te esclaviza.
La fe sin amor...Te fanatiza.
El deporte sin amor...Se convierte en una vana competencia.
La cruz sin amor...Se convierte en injusta tortura.
La vida sin amor...NO TIENE SENTIDO.


Hagamos de nuestros hogares, de nuestro lugar de trabajo, del colegio, una escuela de amor a través del servicio mutuo, de la generosidad, la confianza y el respeto fraterno. Una escuela en donde se aprenda a perdonar y a silenciar los errores de los demás; en donde todos se estrechen, con su cercanía y su oración, en torno al miembro en dificultad, que sufre o está enfermo; y en donde, a ejemplo de Cristo, siempre se tengan las puertas abiertas a todos, sin ninguna distinción. «¡Mirad cómo se aman!», exclamaban todos los que veían el testimonio de vida de los primeros cristianos, ¿hoy podrían decir lo mismo de nosotros?

Hagamos el esfuerzo de pensar siempre bien de los demás; de formar un corazón capaz de amar a todos, de comprender y perdonar al hermano caído o a aquel que nos ha herido. Tratemos a los demás, en definitiva, con el mismo amor, la misma paciencia y comprensión con la que Cristo nos ha tratado.

jueves, 24 de mayo de 2012

MENÚ DE CUARESMA AGRADABLE A DIOS.



  PRIMER PUNTO  DEBES TENER A LA MANO:
 ABRELATAS, para abrir corazón endurecido.
CUCHILLO, para cortar vicios.
 DESTAPADOR, para destapar lo atorado en las relaciones familiares.
COLADOR, para pasar por alto las ofensas.
GOTAS BACTERICIDAS, para purificar intenciones.

SEGUNDO PUNTO; HAY  QUE ABSTENERSE:
Abstenerse de comer prójimo (chismes, difamaciones y calumnias)  
Bajarle al condimento de desquites  
Evitar consumo de altas grasas de egoísmo
No tomar vinagre, que pone de mal genio
Lavar bien el corazón, para que no se infecte de la cólera.  
Evitar el consumo excesivo de picantes, para no enchilarse y decir maldiciones.
Evitar el camarón, porque adormece la conciencia, y “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”
No tomar postres helados que congelen el afecto.  
Evitar comer pan de muertos -de envidia-, para que luego no te digan “que con su pan se lo coma”
No echarle crema a tus tacos
Evitar hacer de chivo los tamales
Privarse de tomar (y dar) atole con el dedo

UN  MENÚ RECOMENDADO:
Como platillo fuerte: exquisita caridad para con el prójimo.  
Caldo de atención a los desamparados y enfermos.
Ensalada de detalles de afecto para los tuyos
Pan abundante para compartir con el hambriento
Vino de alegría para convidar a los tristes y desanimados.
Sopa de letras para escribir más seguido a familiares y amigos.
Sopa de zanahoria para ver con buenos ojos a los demás.
Pan bendito para los afligidos, ya que “las penas con pan son menos”

DE POSTRE SE RECOMIENDA:
Perita en dulce, para ser buena persona
Tuna para tapar... los defectos de los otros
Yogur de guayaba para repetir... los gestos de perdón
Naranja dulce y limón partido “dame un abrazo que yo te pido” (abrazar a los seres queridos, y darles besitos – de verdad, no de chocolate)

 Y NO OLVIDES:
“Donde come uno, comen dos” y “échale siempre más agua a los frijoles”.
Comparte tu vida con los otros.
Finalmente, el chef celestial recomienda sobre todo el alimento espiritual.
 

EL PALACIO DEL CIEGO



Un ángel se le había aparecido muchas veces para brindarle lo que considerara más importante y deseable. El hombre se decidía siempre por cosas triviales, vanas apariencias, fútiles halagos de su vanidad. Y en todo fue complacido hasta que un día cayó en trance de muerte, y vió al ángel, y clamó:--¡La vida! ¡Dame la vida, que es lo más importante!

En esta ocasión el ángel no le hizo caso, lo dejo morir, llevóse su alma y la hizo entraren un magnifico palacio dorando con esplendidos tapices y pinturas, y bronces, y cristales. Preguntó el alma de quien era todo aquello.--De un ciego –repuso el ángel.--¿Y para qué –dijo el alma,-- para qué quiere el ciego todo esto si no ve?--No has comprendido aún –exclamó el ángel. —El ciego eres tú mismo, este palacio es la vida.  
¡No la veías y querías vivir!

LA IGNORANCIA


La Caridad, puesta por Dios en el mundo para acompañar al prójimo hasta el cielo de la redención, se convenció de que poco, muy poco, conseguiría en su empresa si no triunfara de la Ignorancia. 
Ardiendo en cristiano amor, fue en busca de ella. Estaba en una caverna.

Llegó allí la Caridad, con una luz encendida, pero la Ignorancia es ciega y no distinguía la luz de las tinieblas. 
Le habló, pero la Ignorancia es sorda, y no entendía. 

Quiso sacarla del antro, pero la Ignorancia es paralítica, y se resiste a todo cambio. 
Entonces la Caridad curvo la espalda y, con el rostro abatido sobre el pecho, se convirtió en plegaria.

JESÚS VIVIÓ HASTA LOS 33 AÑOS ¿POR QUÉ?


Dice la Biblia que Jesús tenía como 30 años cuando comenzó su ministerio (Lucas 3:23). Entonces, en base a los relatos del Evangelio de Juan, se calcula que el ministerio de Jesús duró alrededor de 3 años, pues celebró tres fiestas de la Pascua judía (Juan 2:13; 6:4; 11:55). Por lo tanto, Jesús vivió aproximadamente 33 años en la Tierra. La duda que surge es, ¿por qué vivió hasta esa edad y no muchos años más en la Tierra?

Los judíos tenían ciertas costumbres y tradiciones. Para ellos era mal visto que un judío no estuviera casado a los 33 años, pues era una norma judía el casarse. Incluso algunos plantean que los rabinos judíos del siglo I debían estar casados para ejercer como tales. Pero existen ciertas explicaciones.

No siempre los rabinos de aquellos tiempos se casaban (Simeón ben Azzai), y el celibato tampoco era algo raro en el judaísmo del siglo I (Josefo, Filón y Plinio). Pero la observación más importante es sobre la divinidad de Jesús. La Biblia nos dice que Jesús es Dios, un ser espiritual (Juan 1:1; 20:28; Romanos 9:5; Colosenses 2:9; Hebreos 1:8; 1 Juan 5:20). Por ello, Jesús no podía contraer matrimonio con una mujer terrenal, sino con una mujer espiritual. Obviar esto sería pasar por alto toda la Biblia. Además, fue Dios mismo el que instituyó el matrimonio (Génesis 2:24).


Por ello, Jesús realmente se casará en los tiempos finales, y su mujer es la Iglesia, los salvados. Bíblicamente el matrimonio fue instituido pensando en Jesús y la Iglesia (Efesios 5:31-32), pues la Iglesia es la esposa del Cordero (Apocalipsis 21:9). Como Jesús tenía 33 años y estaba en edad para casarse, debía presentar un dote matrimonial según la costumbre judía. 

Este dote fue su propia muerte en la cruz del Calvario para poder comprar a precio de sangre a los que habían de ser salvos. Estos salvos conforman la Iglesia, quien se casara con el Cordero. A esto vino al mundo, a comprar una novia según las costumbres judías. Vivir más de 33 años le hubiera obligado a Jesús a contraer matrimonio terrenal, pero sabemos que Él no quebrantó ninguna ley (Mateo 5:17).

EL HOMBRE DEL PORVENIR


Un hombre va de fuente en fuente, y en cada una bebe, con sed que no es del cuerpo, sino del alma, con esa sed sagrada de la gracia de Dios, gracia que también se manifiesta en esas aguas tan puras. Arrodillase ante los ríos y en todos lava su boca. ¡En todos lava  sus labios y sus palabras! Después se dirige al mar y hunde sus manos en él.


 ¿Es posible que no le basten los ríos para limpiarlas? ¿Tanta es la infamia heredada? ¿Tantos los crímenes de estas míseras manos de la especie?... ¡Ay, mejor sería no ver!... ¡Allí donde las restriega, allí queda el mar turbio y sanguinolento! Preguntan:--

¿Quién, quién busca la pureza con ese ahínco sobrenatural? ¿Qué hombre es el que pretende dejar de ser lo que fue y surgir como una aurora entre las viejas tinieblas? Una voz nos responde, una voz que no sabemos si sale de nuestra alma, o si nos llega del cielo. Y ella dice:--
¡El hombre aquel que esperabais!
 ¡El hombre del porvenir!

70 DISCIPULOS



¿Por qué Jesús escogió un número de setenta discípulos para evangelizar?

Cuando Jesús terminó de explicar el costo de seguirlo, decidió enviar a setenta discípulos a predicar el evangelio a toda ciudad y a todo lugar donde Jesús habría de ir (Lucas 10:1-12). Basta preguntarnos ¿por qué Jesús escogió precisamente setenta y no ochenta o sesenta  discípulos a evangelizar?


La respuesta se halla en el significado del número setenta y su implicancia en los relatos bíblicos. El número setenta en este relato tiene una profunda conexión con otros pasajes de la Biblia. Dice la Escritura que fueron setenta las personas de la casa de Israel quienes entraron a Egipto (Génesis 46:27). Fueron estos setenta los que le nacieron a Jacob y dieron origen al pueblo de Israel (Éxodo 1:5). Los judíos tenían la costumbre de relatar las genealogías en forma oral y por lo tanto algunos estudiosos creen que determinaban un cierto número de nombres en las listas para memorizarlos mejor.


Pero existe otra referencia. En Génesis 10 se menciona la genealogía de Noé. De sus tres hijos, Sem, Cam y Jafet, nacieron los hombres que dieron origen a los pueblos y naciones de la tierra. Curiosamente el número de la descendencia de Noé fue exactamente setenta, y de aquellos hombre fue que se esparcieron las naciones y se llenó toda la tierra después del Diluvio (Génesis 10:32).


Pero lo sorprendente de todo esto se halla en una referencia de Moisés. Existe una impresionate conexión entre el número de los que dieron origen al pueblo de Israel y el número de los que dieron origen a las naciones:

"Cuando el Altísimo hizo heredar a las naciones, cuando hizo dividir a los hijos de los hombres, estableció los límites de los pueblos según el número de los hijos de Israel". Deuteronomio 32:8

Las naciones (gentiles) comenzaron con los setenta descendientes de Noé, e Israel comenzó con los setenta descendientes de Jacob que entraron a Egipto. La conexión entre ambos números es teológicamente profunda.

Cuando Jesús escoge un número fijo de setenta discípulos para enviarlos a predicar probablemente tenía en mente los setenta descendientes de Noé en Génesis 10 y los setenta hijos de Israel en Génesis 46:27. Esto nos lleva a la conclusión de que así como de los setenta hijos de Noé llenaron la tierra y las naciones y de los setenta hijos de Israel llenaron la tierra de Israel, así también de los setenta discípulos que escogió Jesús el evangelio sería predicado en toda la tierra y llenaría las naciones de su poder.

LA SABIDURÍA


‎"La sabiduría es el estado final del desarrollo humano, 
su máxima expresión. 

Es un sistema de experto, 
básicamente pragmático, que te dice qué hacer ante los 
conflictos de la vida cotidiana, qué medios utilizar para 
planear y manejar las contingencias que te permitan 
acceder a una buena vida. 

Nada de “vanos deseos” 
o necesidades superfluas, solamente aquello que permita 
una existencia positiva donde se entrelace el “yo” con los 
otros, lo intrapersonal con lo interpersonal. 
Pura inteligencia práctica."

LOS OTROS CRUCIFICADOS



Algo traerá, sin duda, aquel que avanza con la firmeza y la serenidad de un astro por el camino que une la tierra al cielo. Del cielo es la verdad y la virtud, la belleza y la justicia, la caridad y el amor. Así dijo la Historia, la del cabello blanco y los ojos siempre nublados por las lágrimas. 

El que venía llegó, y de su alma, trémula como el arco, partió hacia la multitud la flecha luminosa de su mensaje. Produjese un remolino de sorpresa. Y resonaron, después, las mismas voces que hace veinte siglos:--

¡Crucificadle! El hombre del mensaje fue llevado adonde había muchas cruces y muchos crucificados en torno de la gran cruz del Nazareno, que crece siempre, porque sus maderos tienen vida, y es tan alta que no se alcanza a verle el fin. Las mismas horrendas voces repetían:--¡Crucificadle! 

Y al fin, el hombre aquel, pequeñito en su humildad, mereció y tuvo el grandioso destino del Salvador. Con un mechón de sus cabellos blancos secó sus ojos la Historia, y escribió:--¡Traer algo de allá arriba es peligroso!

TRES MUJERES


Buscaba el Hombre la Felicidad por todas partes y al no hallarla se sentía muy afligido. La Felicidad, entonces, le dijo a la verdad:--Te suplico que vayas a la casa del Hombre. Explícale que yo paso cada día ante su puerta, y la encuentro cerrada; que me ve de continuo y no me reconoce. 

Fue la Verdad, volvió y dijo:--Dentro de la casa estaba mi enemiga la Mentira, que es muy hermosa y vive espléndidamente. Quizá por verme tan simple, tan humilde y sencilla, el Hombre no me permitió siquiera entrar y nada pude decirle. Y la felicidad insistió:--Te suplico que vuelvas; siéntate en el umbral de su morada, y aguarda a que te reciba. Fue de nuevo la Verdad. 

Pasó un tiempo, volvió apresurada y dijo:--Salió la otra, pude entrar y el Hombre al verme se abrazó a mí llorando.--¡Corro hacia él! –exclamo la felicidad. Pero cuando ella llegó, ya estaba el Hombre acostado y rígido. Solo pudo inclinarse y besarlo en la frente.

SIN JESÚS NADA PODEMOS HACER



 
Es  de  vital importancia que  como  servidores comprendamos  el alto  valor de  estar  unidos  a  Jesús. A  Pablo  el estar  unido a   Jesús  le  implicó  sujetar  su  mente, corazón,  voluntad y acciones  en el  Señor;  lo  cual le  condujo a  una  vida  de  victoria  y bendición. Nuestro Señor estuvo unido  a  su Padre Celestial en todo: Obras, Palabras,  Posesiones.

RESALTAMOS LA SIGUIENTE  VERDAD:
SIN JESUS   NADA  PODREMOS  HACER.
 
ES URGENTE  ESTAR  UNIDOS  A  JESUS.
Como la rama  al  tronco principal “Yo soy la  vid  verdadera” dijo Jesús y  vosotros  los pámpanos. (Juan 15: 1-2). Es urgente comprender  que   al igual  que  la  rama separada del tronco se seca, así también el cristiano separado del Señor se marchitará.
Como el tronco y su raíz al suelo. Es  urgente   entender que  si nos  separamos del Señor desfalleceremos.

ES URGENTE
“LA  LIMPIA DEL PADRE (COMO  LABRADOR) EN  NUESTRA VIDA.  (San Juan 15: 1)
Las ramas a veces se secan en algunas partes (hojas) las cuales es  necesario cortarlas.
Las ramas quebradas  necesitan  ser podadas para que  hayan nuevos brotes.
En  nuestra  unión  con el Señor brotan cosas  que  de  no  podarlas o  cortarlas, estas  acataran  nuestra  vida.
NO  OLVIDEMOS  QUE   LA  UNION CON JESUS  Y SU  OBRA RESTAURADORA EN  NUESTRA  VIDA NOS  BRINDAN  VIDA ESPIRITUAL.
 
REFLEXIONEMOS  ESTO:
Si  le  entregas  tu corazón y  hacia  ÉL extiendes las  manos, si te apartas del pecado que   has cometido y en tu morada no das cabida al mal, entonces podrás llevar  la  frente  en alto y mantenerte  firme  y libre de  temor.
(Job 11: 13-15)
Entregar el corazón implica que  estas  dándole  a Dios la  parte más importante de  tu vida. Significa que estas  cediendo  tus derechos voluntariamente porque  deseas que  ÉL tome el control total de tu  vida. Es dejar  que  ÉL te  guíe y te  dirija aunque  muchas  veces no  logres entender hacia qué dirección ÉL te va a conduciendo.

Es permitir que  predomine el amor  aún cuando  muchas  veces  tu carne quiere la venganza. Es renunciar al yo, para ser de Dios y poder entregarse en alma, cuerpo  y corazón a  los demás. Es reconocer que  el único  que  puede pelear tu  batalla o interceder  por tu causa es: Jesucristo. Y tener  la  confianza  y certeza de que   sus  caminos siempre son perfectos y  justos.

Cuando entregas  tu corazón  a  la  plenitud de   Dios, te alcanza de tal  manera que  ÉL  comienza a operar cambios  en tu  vida y  a  modificar actitudes y conductas equivocadas. Su  Espíritu te  aparta del pecado, eso; a su vez provoca que  puedas  llevar  tu cabeza en alto y mantenerte firme ante las turbulencias,  y libre de temor porque  tienes  la  conciencia tranquila.

Dios  se hace  tan real en tu  vida, que olvidas tus  pesares y comienzas a  contar  tus  bendiciones  y a  ver  cómo  las experiencias negativas que  atravesaste  te enseñaron y  fortalecieron. Tu vida entonces resplandecerá como el sol en el día  y como  las estrellas  en medio de la  noche. Aún  pasando   por el valle  de la  sombra  y de la muerte, no  temerás mal alguno porque sabes  que  Jesús  está contigo. 

Esa seguridad a su vez provoca estabilidad, confianza,  un lazo  tan poderoso que  duermes tranquilo, porque  te  sabes protegido.  Los  demás  notaran  que  hay algo diferente en ti y querrán  acercarse   para que  les  muestres  cuál es el secreto. Y tú  muy  contento(a) podrás decir:

 “ES QUE  UN DÍA LE ENTREGUE  MI CORAZÓN A CRISTO  Y ESO   AHORA  HACE LA  DIFERENCIA  EN MI VIDA”.       

LO QUE SIEMBRES ES LO MISMO QUE COSECHARAS



Hay una práctica que me gusta aplicar, se llama empatía. Y el aplicarla me permite acercarme más al carácter del Señor. Me gusta ponerme en los zapatos de mis hermanos y el hacerlo hace que crezca el amor de Cristo en mí. Admito que en ocasiones el tener esta empatía, afecta mi relación con mi yo, y en otras muchas ocasiones afecta también mi comodidad. Pero, he comprendido que lo que siembras, eso mismo cosecharás. Y si yo tuviese empatía con mis hermanos, de una u otra manera el Señor lo sumará a mi cuenta.  

Me gusta extender la mano al necesitado, porque a mí me extendieron la mano y sé lo duro que es encontrar alguien con el amor de Cristo dispuesto a ayudarte. Me gusta desprenderme de lo mío con tal de dar una sonrisa o aliento a un hermano, al fin y al cabo sé que  mi Padre me sustenta. Me intereso por aquellos hermanos que el Señor pone en mi camino, tal vez no sea su Líder o Pastor, pero a mi Dios le agrada que les cuide. Me gusta dar la milla extra, pues sé que hay un Dios justo en el cielo que hará que llegué pronto a mi destino. Me gusta estar atento a las tareas que me asigna mi Jefe, púes deseo que mis subordinados se agraden en servirme.

Acostumbro escuchar toda palabra que me habla mi Señor, pues sé que si ha caído en tierra fértil, a su tiempo le cosecharé. Acostumbro agradecerle a mi Dios por toda dadiva, por pequeña que me parezca, aunque en ocasiones pareciera que no hay nada que agradecer, púes sé que como Padre; Él quiere un hijo agradecido. 

En muchas ocasiones he acatado órdenes que no son de mi agrado, pero sé que a mi Dios le agrada que respete su autoridad y Él hará que respeten en su momento  la mía. En muchas ocasiones no estoy de acuerdo con los designios de mis padres, más sin embargo debo sujetarme, no sea qué en mi descendencia exista rebeldía. En muchas ocasiones he sometido esa carne que tanto adoraba, pero Él ha sido justo y hoy puedo fluir en el espíritu.

Es muy simple, siembra amor, cosecharás amor. Siembra indiferencia, segarás indiferencia. No pretendas cosechar bendición, cuando solo maldición ha salido de tu boca. No pretendas segar rojos tomates, donde has regado solo espinos.

Yo te invito hermano a seguir trabajando esa tierra con amor, a que día a día  la riegues con empatía y a su tiempo lo que te ha costado sudor y lagrimas; con gozo segarás. “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.” Salmos 126:5-6



¿Ahora dime, haz estado sembrando fruto digno o solo estas regando tus viejos espinos?

miércoles, 23 de mayo de 2012

ORACIÓN DE SALVACIÓN.


 SEÑOR JESUCRISTO, HE ESCUCHADO DE TU EVANGELIO, Y AL HACERLO, HA NACIDO FE EN MI CORAZON, CREO QUE TU ERES EL SALVADOR, CREO QUE TU VENDRAS, POR AQUELLOS QUE TE AMAN Y TE BUSCAN, CREO QUE TU MUERTE EN LA CRUZ, FUE POR NOSOTROS, COMO SACRIFICIO DE EXPIACION POR NUESTROS PECADOS, CREO EN TU NOMBRE, COMO EL UNICO NOMBRE BAJO EL CIELO DADO A LOS HOMBRES EN EL CUAL PODEMOS SER SALVOS. RECONOZCO QUE SOY PECADOR, QUE NECESITO UN SALVADOR, DOY HOY TESTIMONIO DE FE, TE RECIBO EN MI CORAZON, COMO UNICO Y SUFICIENTE SALVADOR, PÈRDONA MIS PECADOS, Y QUE HOY CON TU SANGRE ME LIMPIES DE PECADO Y QUE HOY SEÑOR ME BAUTICES CON TU ESPIRITU SANTO Y FUEGO, SEÑOR QUE PUEDA HABER EN MI A PARTIR DE HOY, UN NUEVO NACIMIENTO. BAUTIZAME JESUS CON TU EPIRITU, VEN Y HABITA EN MI, QUEDATE CONMIGO, GUIAME, ENSEÑAME, LLENAME... EN EL NOMBRE DE JESUCRISTO, NOMBRE ETERNO Y GLORIOSO, AMEN


PANENTEÍSMO


                                                     
                                        
Esta   búsqueda   y  aclaración   es    con  relación   al  articulo   publicado   y  titulado:   EL  ÁRBOL  DE  LA   VIDA,   con   el  cual     pretendo   aclarar   cada  palabra  para  juntos  aprender  lo que    deseo plasmar.

El panenteísmo (palabra derivada del griego πᾶν (pân) = todo; ἐν (en) = en; y θεός (theós) = dios) es un concepto filosófico y teológico que indica que Dios es a la vez inmanente y trascendente al Universo o, en otras palabras, que Dios engloba el Universo pero no se limita a él, diferenciándose así del panteísmo, que afirma la identidad entre Dios y el Universo. El Dios del panenteísmo es el creador y la energía vital del universo, así como la fuente de la ley natural.
El creador del concepto fue el filósofo alemán y masón heterodoxo Karl Christian Friedrich Krause  (1781–1832), quien buscaba reconciliar el teísmo tradicional con el panteísmo y la religión natural. Según su panenteísmo, Dios acaba por reabsorber los "tres términos del mundo", o sea, la naturaleza, el espíritu y la humanidad, que unifica en un todo orgánico.
Su historicismo culmina asimismo en un retorno del género humano a Dios, cual meta última de todo progreso; según él, se llega al Ser Supremo no a través del común proceso crítico e inductivo, que el filósofo denomina "analítico" y "subjetivo", sino por medio de otro superior, que llama "sintético" u "objetivo", que parte de Dios mismo y da lugar al mundo. Sus ideas sobre Dios influyeron decisivamente en los krausistas españoles y latinoamericanos,  así como en filósofos norteamericanos modernos como Charles Hartshorne.

HAY QUE APRENDER MAS SOBRE EL PANTEISMO

 


Con   la  intención  de  aclarar   dudas, me  he   dado  la tarea  de  buscar  información para   archivar     todo  lo  que  aveces  no comprendemos,  hago   referencia  al  articulo    anterior  llamado  EL  ÁRBOL  DE LA    VIDA.   y     ahora  vamos  a  aclarar  que :

El panteísmo es una creencia o concepción del mundo y una doctrina filosófica según la cual el Universo, la naturaleza y Dios son equivalentes. La ley natural, la existencia y el universo (la suma de todo lo que fue, es y será) se representa por medio del concepto teológico de "Dios". La palabra está compuesta del término griego πᾶν (pan), que significatodo, y θεός (theos), que significa Dios; así se forma una palabra que afirma: todo es Dios.

El panteísmo es la creencia de que el mundo y Dios son lo mismo. Cada criatura es un aspecto o una manifestación de Dios, que es concebido como el actor divino que desempeña a la vez los innumerables papeles de humanos, animales, plantas, estrellas y fuerzas de la naturaleza. Algunos pensadores han considerado panteísta el trasfondo de los politeísmos.
 La visión panteísta, si es admitida, aporta un nexo de unión entre diferentes religiones, en especial las no creacionistas.

La naturaleza es sinónimo de Dios en el Panteísmo.
De manera general, el panteísmo puede ser considerado como una ideología filosófica o como una concepción del mundo. En el panteísmo se enfrentan dos términos: "dios" y "mundo". El panteísmo procede a identificarlos. El resultado ha de ser un monismo, que puede adoptar diversas caracterizaciones.
El panteísmo puede mostrar algunas variantes. Por un lado puede considerar a la realidad divina, como la única realidad verdadera y a ella se reduce el mundo; en este caso el mundo es concebido como proceso, emanación, desarrollo o manifestación de Dios; declaradamente una "teofanía".
En otro sentido, el mundo puede ser concebido como la única realidad verdadera. A esa realidad se reduce Dios, que suele ser concebido entonces como la unidad del mundo, como una especie de principio orgánico de la naturaleza, o también, como autoconciencia del universo. Esta forma de panteísmo recibe la denominación de "panteísmo ateo" o "panteísmo ateísta".

En ambas formas, no hay ninguna realidad trascendente. Todo lo que existe es inmanente y la divinidad es entendida más bien como principio del mundo.

El panteísmo es una doctrina o un componente identificable en las doctrinas del filósofo griego Heráclito, en los fragmentos que de él se conservan. En el filósofo presocrático del devenir, lo divino se halla presente en la totalidad de las cosas, y a un tiempo, es idéntico al mundo y a los entes, en su integridad. Esta concepción arrastra a parangonar lo divino con el Universo, transformándolo en el "fuego generador" que unifica todos los contrarios.

Ese dios-todo de Heráclito congrega en sí mismo la totalidad de las cosas y es, de igual manera, una realidad de carácter eterno. Su cosmología parece, también, referirse a la teoría de un mundo de movimiento cíclico, en virtud de la cual el todo se asemeja a un conjunto de fases alternadas: una suerte de ciclo destructivo y productivo, que más tarde ha de ser retomado y desarrollado por los estoicos.

EL ÁRBOL DE LA VIDA





Yo no estoy seguro de que exista una religión americana, tal y como ha sido convincentemente argumentado por Harold Bloom en una de sus obras más provocadoras, pero en cambio si estoy convencido de que El árbol de la vida es una película en la que sus contenidos religiosos están tan marcados por América que puede decirse que, de existir efectivamente una religión americana, esta película seria un sobresaliente ejemplo de la misma. 

De hecho, un locus tan rotundamente cristiano como es la familia - la sagrada familia, en el énfasis católico –, adquiere en la película de Terrence Malick rasgos que son típicamente americanos. Y más específicamente, los de la familia de clase media moderna, que vivió en los años 50 del siglo pasado,  una Edad de Oro si es que hemos de dar crédito a la recurrente idealización que el cine de Hollywood hizo entonces de la misma. Y que por esta razón es hoy  evocada por esa misma cinematografía con una nostalgia de la que no creo que se libre el propio Malick, aunque su reconstrucción de esa etapa no eluda la exhibición de los sórdidos conflictos que se ocultaban bajo una seductora fachada de familias saludables y bien alimentadas, amplias y luminosas casas suburbanas, coches enormes y aerodinámicos y muchos otros signos de una prosperidad material de la que nunca antes se pensó que pudiera disfrutar tantísima gente.


La familia elegida por este raro director esta en consecuencia encabezada por el señor. O ´Brien, un brillante ingeniero que sirvió en la marina de guerra, que está muy orgulloso de su trabajo y que sin embargo es un patriarca implacable que maltrata sistemáticamente a su mujer y somete a sus hijos –y sobre todo al mayor – a una disciplina castradora. Pero un día su sólido mundo se derrumba abruptamente: la empresa prescinde de golpe de sus servicios y su primogénito muere en el umbral de la juventud y por motivos y circunstancias que nunca se aclaran en el filme. Es entonces cuando en el relato interviene directamente la religión, invocada patéticamente por la madre como paliativa y consuelo al dolor intolerable que le causa la pérdida de su hijo. Y su invocación y las que hacen su marido y el hijo superviviente - cada uno a su modo - encaja entonces con la invocación de la religión que hace el propio director de la película y que es tan impetuosa y decisiva que trasciende la historia de la familia protagonista y la convierte en una versión contemporánea del Libro de Job.

Tal y como lo anticipa la cita de este libro utilizada por Malick encabezar el filme y como corrobora que en uno de sus parlamentos el señor O´Brien se pregunta por qué la han caído tamañas desgracias encima cuando él no ha faltado ni un día al trabajo ni ha dejado de dar religiosamente dinero a la iglesia todos los domingos. Cierto, sus infortunios resultan leves si se les compara con los de un Job que de un solo golpe fue condenado a la miseria y a la enfermedad, perdidas las mujeres, los cultivos, el ganado y los caravanas de camellos que lo hacían uno de los hombres más ricos de su tiempo. Pero a Malick le bastan para actualizar en su película la pregunta irritada que hace Job por la justicia de un Dios que castiga de manera tan cruel como incomprensible a quien se considera uno de sus más fieles y virtuosos devotos. 

Y junto con la pregunta viene la respuesta, ofrecida en el pasaje del Libro de Job a la que pertenece la cita mencionada arriba, en la que Yahvé fulmina la soberbia de quien se atreve a pedirle explicaciones:¨ ¿ Vas tú a impugnar mi juicio/ a condenarme a mí para quedar tú absuelto? –pregunta iracundo. Y para demostrar cuán vana es la pretensión de Job, Yahvé se explaya en una descripción poética del mundo que quiere dejar bien claro que el mundo y todas los seres vivientes que lo habitan, desde los más dóciles hasta los más fieros, son creación suya y por lo tanto obra de una voluntad inconmensurable cuya justicia no puede ser comprendida por un simple mortal. ¨ Solo de oídas te conocía/ mas ahora te han visto mis ojos/ Por eso me retracto y contrito estoy/ sobre polvo y ceniza¨, termina reconociendo abrumado Job, en la bella y muy reciente traducción al castellano de su libro firmada por Susana Pottecher y Julio Trebolle.

A ese mismo resignado arrepentimiento inducido por la omnipresencia divina invita El árbol de la vida, que debe buena parte de su formidable atractivo visual a las muchas secuencias que muestran la magnificencia inigualable del universo, tal y como podemos visualizarla gracias a las cámaras prodigiosas que hoy nos permiten penetrar en lo infinitamente pequeño e inmediato tanto como en lo infinitamente enorme y distante. Sólo que esas fascinantes imágenes cósmicas están expuestas a un conflicto de interpretaciones de naturaleza inequívocamente religiosa que Malick no vacila en traer a cuento. El antiguo conflicto entre monoteísmo y panteísmo que ha resucitado con fuerza. Y no solo debido a la espiritualidad new age que algunos críticos han creído descubrir en el regodeo de Malick en las imágenes cósmicas, sino también a esa variante del ecologismo que sacraliza la vida en el planeta y que se está convirtiendo en un vasto movimiento espiritual e incluso en una importante fuerza política a escala internacional.

 Es a ella a la que Leonardo Boff - un influyente teólogo de la liberación - ha salido al encuentro hace poco en su ensayo Panteísmo versus Panenteísmo, en el que se esfuerza por acoplar o encajar ese difuso panteísmo en los límites del cristianismo. Boff inicia su argumentación con esta comprobación: ¨ Una visión cosmológica radical y coherente afirma que el sujeto último de todo lo que ocurre es el universo mismo. Él es el que hace surgir los seres, las complejidades, la biodiversidad, la conciencia y los contenidos de la conciencia porque somos parte de él¨. Pero de esta premisa inmanentista pueden derivarse dos posibilidades de divinización del universo.

La primera es el panteísmo que piensa que ¨ el cielo es Dios, la Tierra es Dios, la piedra es Dios y el ser humano es Dios¨. Boff la tacha de equivocada porque ¨esta falta de diferencia lleva a la indiferencia¨, que es especialmente grave en los ámbitos de la ética y de la justicia.

La segunda opción la representa el ¨panenteísmo ¨, un término que fue propuesto por Frederick Krause en el siglo XIX y que Boff explica así: ¨Todo no es Dios. Las cosas son lo que son: cosas. Sin embargo Dios está en las cosas y las cosas están en Dios, por causa de su acto creador¨. Esta divinización del universo calificándolo creación divina satisface evidentemente las exigencias del monoteísmo pero no así las del cristianismo, que es religión del Hijo, del Hijo de Dios hecho Hombre, y por lo tanto distinto del Dios Padre y distinto del universo con el que el Dios Padre se confunde en la argumentación de Boff, quien, para no abandonar completamente el terreno del cristianismo, se ve obligado a sugerir identificación de Cristo con lo que el cosmos tiene de contingente y evolutivo. Dios, que ¨aparece en el lenguaje de todas las tradiciones transculturales, como Espíritu creador ¨ - explica – viene ¨ mezclado con todas las cosas.
Participa de sus desarrollos, sufre con las extinciones en masa, se siente crucificado con los empobrecidos, se alegra con los avances rumbo a diversidades más convergentes e interrelacionadas, apuntando hacia un punto Omega terminal¨. Ignoro si Malick ha leído a Boff o a Teilhard de Chardin – de quien Boff es claramente tributario - pero estoy seguro en cambio que El árbol de la vida responde al esquema esbozado por el notable teólogo brasileño.

 El Dios de Malick es un dios cósmico pero de un cosmos que revela su condición de creado antes que de auto creado por su sujeción a una ley moral que, en la película, es puesta de presente por ejemplo en la escena en la que un dinosaurio depredador siente compasión por su presa, levanta la garra y la deja marchar.

 Y su película es una película del Hijo, de ese hijo machacado en la infancia por un padre severo que sin embargo se confiesa semejante a su padre y que después de su muerte prematura se convierte no solo en el bastión de la fe de su madre sino también en la única guía posible que encuentra su hermano para orientarse en un mundo que para él ha perdido completamente sentido. Y que si tiene alguna salida esa sería el rencuentro en la fe de todas esas almas solitarias que vagan sin rumbo en una playa desolada al final de la película. 

Hay otro punto crucial en el que convergen Boff y Malick y es en el hecho de que en la obra de ambos la imagen de Cristo se desdibuja hasta el punto de que El árbol de la vida no ha sido comúnmente reconocido como un filme ya no solo religioso sino específicamente cristiano. Y eso a pesar de que resuma cristianismo, tal y como he intentado demostrar. Boff intenta conjurar esta deficiencia, que pone en cuestión la naturaleza radicalmente iconográfica del cristianismo, apelando directamente a Teilhard de Chardin, que ¨vivió una conmovedora espiritualidad de la transparencia¨.

Y quien sentenció: ¨ el gran misterio del cristianismo no es la aparición sino la transparencia de Dios en el universo. No solamente el rayo que aflora sino el rayo que penetra. No la Epifanía sino la Diafanía¨. Quizás tenga razón pero si la tiene Cristo ya no tendrá imagen o tendrá una que hoy nos resultaría irreconocible.



jueves, 3 de mayo de 2012

PENTECOSTÉS 2012

 


Pentecostés, fiesta grande para la Iglesia. Con el Espíritu Santo tenemos el espíritu de Jesús y entramos en el mundo del amor. Gracias al Espíritu Santo cada bautizado es transformado en lo más profundo de su corazón.  

Pentecostés fue un día único en la historia humana.
En la Creación del mundo, el Espíritu cubría las aguas, “trabajaba” para suscitar la vida.
En la historia del hombre, el Espíritu preparaba y enviaba mensajeros, patriarcas, profetas, hombres justos, que indicaban el camino de la justicia, de la verdad, de la belleza, del bien.  
En la plenitud de los tiempos, el Espíritu descendió sobre la Virgen María, y el Verbo se hizo Hombre.
En el inicio de su vida pública, el Espíritu se manifestó sobre Cristo en el Jordán, y nos indicó ya presente al Mesías.

Ese Espíritu descendió sobre los creyentes la mañana de Pentecostés. Mientras estaban reunidos en oración, junto a la Madre de Jesús, la Promesa, el Abogado, el que Jesús prometió a sus discípulos en la Última Cena, irrumpió y se posó sobre cada uno de los discípulos en forma de lenguas de fuego (cf. Hch 2,1-13).

Desde ese momento empieza a existir la Iglesia. Por eso es fiesta grande, es nuestro “cumpleaños”.  
Lo explicaba san Ireneo (siglo II) con estas hermosas palabras: “Donde está la Iglesia, allí está el Espíritu de Dios, y donde está el Espíritu de Dios, allí está la Iglesia y toda gracia, y el Espíritu es la verdad; alejarse de la Iglesia significa rechazar al Espíritu (...) excluirse de la vida” (Adversus haereses III,24,1).
Con el Espíritu Santo tenemos el espíritu de Jesús y entramos en el mundo del amor. Gracias al Espíritu Santo cada bautizado es transformado en lo más profundo de su corazón, es enriquecido con una fuerza especial en el sacramento de la Confirmación, empieza a formar parte del mundo de Dios.
Benedicto XVI explicaba cómo en Pentecostés ocurrió algo totalmente opuesto a lo que había sucedido en Babel (Gen 11,1-9). En aquel oscuro momento del pasado, el egoísmo humano buscó caminos para llegar al cielo y cayó en divisiones profundas, en anarquías y odios. El día de Pentecostés fue, precisamente, lo contrario.

“El orgullo y el egoísmo del hombre siempre crean divisiones, levantan muros de indiferencia, de odio y de violencia. El Espíritu Santo, por el contrario, capacita a los corazones para comprender las lenguas de todos, porque reconstruye el puente de la auténtica comunicación entre la tierra y el cielo. El Espíritu Santo es el Amor” (Benedicto XVI, homilía del 4 de junio de 2006).

Por eso mismo Pentecostés es el día que confirma la vocación misionera de la Iglesia: los Apóstoles empiezan a predicar, a difundir la gran noticia, el Evangelio, que invita a la salvación a los hombres de todos los pueblos y de todas las épocas de la historia, desde el perdón de los pecados y desde la vida profunda de Dios en los corazones.

Pentecostés es fiesta grande para la Iglesia. Y es una llamada a abrir los corazones ante las muchas inspiraciones y luces que el Espíritu Santo no deja de susurrar, de gritar. Porque es Dios, porque es Amor, nos enseña a perdonar, a amar, a difundir el amor.
Podemos hacer nuestra la oración que compuso el Cardenal Jean Verdier (1864-1940) para pedir, sencillamente, luz y ayuda al Espíritu Santo en las mil situaciones de la vida ordinaria, o en aquellos momentos más especiales que podamos atravesar en nuestro caminar hacia el encuentro eterno con el Padre de las misericordias.

“Oh Espíritu Santo,
Amor del Padre, y del Hijo:
Inspírame siempre
lo que debo pensar,
lo que debo decir,
cómo debo decirlo,
lo que debo callar,
cómo debo actuar,
lo que debo hacer,
para gloria de Dios,
bien de las almas
y mi propia santificación.
Espíritu Santo,
dame agudeza para entender,
capacidad para retener,
método y facultad para aprender,
sutileza para interpretar,
gracia y eficacia para hablar.
Dame acierto al empezar,
dirección al progresar
y perfección al acabar.
Amén” (Cardenal Verdier).

EFECTOS DEL ESPÍRITU SANTO


 



Efectos del Espíritu Santo, en  el día de Pentecostés

1. Si queremos entender correctamente la relación entre el Espíritu Santo y la Iglesia, debemos detenernos en los efectos que tuvo su venida el día de Pentecostés. Los discípulos fueron transformados. Hasta entonces los discípulos no comprendían la obra de Cristo; poco antes de su Ascensión se vio que todavía no entendían la misión de Cristo

(Act. 1, 6; véanse además Mc. 4, 13. 40; 6, 50-52; 7, 18; 8, 16-21; 9, 9. 32; 14, 37-41; Lc.`18, 34, lo. 2, 22; 12, 16; 13, 7. 28; 14, 5. 8; 16, 12. 17). El día de Pentecostés el Espíritu Santo les reveló el misterio de Cristo y del reino de Dios; ahora ven a Cristo a la luz del Antiguo Testamento, entendido de nuevo (Lc. 24, 25-47; Jo. 2, 22; 12, 16; 20, 9; Act. 2, 25-35; 3, 13. 22-25; 4, 11. 24-28; 10, 43; I Cor. 15, 3). Desde ahora el testimonio a favor de Cristo se les impone como ineludible deber; ni los peligros ni los tormentos les eximen de ese deber. Con alegría, confianza y constancia predican a Cristo como Hijo de Dios crucificado y resucitado, delante del Sanedrín y delante de todo el pueblo; no lo hacen por la excitación o el entusiasmo de un momento; los acontecimientos de Pentecostés crearon un estado duradero y los apóstoles no temen ninguna amenaza ni mandato.

Todos los varones y mujeres que estaban reunidos al ocurrir la venida del Espíritu Santo fueron inundados de El (Act. 2, 4). El Espíritu Santo reveló a los oyentes el sentido del testimonio de los apóstoles; lo entendieron y se convirtieron y se hicieron bautizar.

Más de tres mil se sumaron a la Iglesia en la primera hora gracias al servicio de Pedro (Act. 2, 41). Consecuencia y efecto de la presencia del Espíritu Santo en la jóven Iglesia es la vida floreciente descrita en Act. 2, 42-47. Los miembros de la Iglesia de las primicias estaban tan unidos que repartían sus bienes (cfr. Act. 4, 31-32).

2. El día de Pentecostés puede, por tanto, ser llamado el día del nacimiento de la Iglesia. Todo lo anterior fue preparación y trabajo previo. En la mañana de Pentecostés puso Dios el sello a la obra de su Hijo. La Iglesia fue consecuencia de la efusión y derramamiento del Espíritu (Act. 2, 42). Ahora se cumplen las promesas hechas por Cristo, ahora se cumple su misión; antes no había ni bautismo ni perdón de los pecados, no había predicación del Evangelio ni administración de sacramentos. Ahora entran en vigencia los poderes y deberes concedidos e impuestos por Cristo a sus apóstoles. Aquella mañana apareció por vez primera como comunidad la reunión de los cristianos; esa comunidad está conformada y configurada por el Espíritu Santo, da testimonio a favor de Cristo, perdona los pecados y concede la gracia. Aunque ya existía se parecía al primer hombre hecho de barro antes de serle alentada la vida; era un cuerpo muerto que esperaba la chispa de la vida.

«¿Cuándo empezó la Iglesia a vivir y a actuar? El día de Pentecostés. Ya antes existían sus elementos esenciales y estaban reunidos, organizados y dotados de los poderes necesarios; la doctrina había sido predicada, los apóstoles elegidos, los sacramentos instituidos y organizada la jerarquía, pero la Iglesia no vivía ni se movía. Las fuerzas divinas dormitaban, nadie predicaba ni bautizaba ni perdonaba los pecados y nadie ofrecía el santo sacrificio; impacientes esperaban ante las puertas el mundo judío y el mundo gentil, pero nadie abría; la Iglesia estaba en un estado parecido al sueño, como Adán antes de que le fuera alentada la vida... Así estaba la Iglesia hasta la hora nona del día de Pentecostés, en que el Espíritu Santo descendió sobre ella en el ruido del viento y en las lenguas llameantes. Este fue el momento de empezar a vivir; todo empezó a moverse y a actuar» (Meschler, Die Gabe des hl. Pfingstfestes, 103).

También Schell dice: «Efecto de la efusión y derramamiento del Espíritu de Dios fue la fundación de la primera Iglesia cimentada en la doctrina apostólica, unida por la constitución jerárquica y cuidadosa de la vida del renacimiento mediante la celebración del misterio eucarístico.» Santo Tomás de Aquino dice que el día de Pentecostés es el día de la fundación de la Iglesia (Sententiarum I d. 16, q. 1, a. 2; M. Grabmann, Die Lehre des hefligen Tharnas von Aquirz von der Kirche AIs Gotteswerk, 1903, 125). San Buenaventura dice: «La Iglesia fue fundada por el Espíritu Santo descendido del cielo» (Primera Homilía de la fiesta de la Circuncisión del Señor, edición Quaracchi IX, 135).

3 La tesis de los Santos Padres:
De que la Iglesia nació de la herida del costado de Cristo no está en contradicción con la doctrina de que la Iglesia fue fundada el día de Pentecostés, porque Muerte, Resurrección, Ascensión y venida del Espíritu Santo forman una totalidad. La muerte, resurrección y ascensión están ordenadas a enviar el Espíritu Santo y sólo en esa misión logran su plenitud de sentido. Viceversa: la misión del Espíritu Santo presupone los tres sucesos anteriores. Es el Hijo del hombre introducido en la gloria de Dios mediante su muerte y resurrección quien envía al Espíritu Santo: por eso es, en definitiva, Cristo quien funda la Iglesia mediante el Espíritu Santo el día de Pentecostés. Dice San Juan Crisóstomo en el primer sermón de Pentecostés comentando a /Jn/07/30 (PG 50, 457):

«Mientras no fue crucificado no le fue dado al hombre el Espíritu Santo. La palabra «glorificado» significa lo mismo que «crucificado». Porque aunque el hecho mismo de ser crucificado es ignominioso por naturaleza, Cristo lo llamó gloria, porque era causa de la gloria de lo que El amaba. ¿Por qué, pues -pregunto-, no fue dado el Espíritu Santo antes de la Pasión? Porque la tierra yacía en pecado y perdición, en odio y vergüenza, hasta que fue sacrificado el Cordero que quitó los pecados del mundo

La vinculación de la Iglesia a la muerte de Cristo destaca especialmente el carácter cristológico de la Iglesia. Digamos una vez más que la Iglesia no es ni sólo la Iglesia del Espíritu ni sólo la Iglesia del Resucitado, sino la Iglesia del Cristo total, cuyo misterio abarca la vida terrestre y la vida glorificada del Señor, de El recibe su estructura mientras que del Espíritu Santo recibe la vida. Es significativo que San Agustín diga unas veces que la Iglesia procede de la Pasión y otras que procede del Espíritu Santo. Dice, por ejemplo, en el Trat. 120 sobre el Evangelio de San Juan: «Uno de los soldados abrió su corazón con una lanza e inmediatamente brotó sangre y agua (/Jn/19/34). El evangelista escogió cuidadosamente la palabra y no dijo: traspasó o hirió su costado, sino:«abrió», para que fueran como abiertas las puertas de la vida, por las que fueran derramados los sacramentos de la Iglesia sin los que no se entra en la verdadera vida. La sangre fue derramada para perdón de los pecados y el agua suaviza el cáliz salvador y concede a la vez baño y bebida. Prefiguración de esto fue la puerta que Noé abrió al costado del arca para que entraran en ella los animales liberados del diluvio; por la Iglesia fue extraída la primera mujer del costado del dormido Adán y fue llamada vida y madre de lo viviente; pues significaba un gran bien antes del pecado que es el mayor mal. Aquí durmió el segundo Adán con la cabeza reclinada sobre la cruz para serle formada una esposa de lo que manó de su costado.

 ¡Oh muerte que resucita a los muertos! ¿Qué cosa hay más pura que esta sangre y más saludable que esta herida?».

La relación entre la pasión de Cristo y la misión del Espíritu Santo puede ser comparada a la que hay entre la creación del primer hombre y la infusión de la vida en él. Según la descripción de la Sagrada Escritura el cuerpo del primer hombre fue formado sin vida. Entonces el Señor sopló sobre él y le alentó la vida y el hombre se convirtió en viviente (Gen. 2, 7). Algo parecido es atribuido al Espíritu en la visión de Ezequiel; vio un cementerio lleno de huesos y oyó que el Señor le decía: «Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así habla el Señor, Yavé: Ven, ¡oh espíritu!, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos huesos muertos y vivirán. Profeticé yo como se me mandaba, y entró en ellos el espíritu, y revivieron» (Ez. 37, 9-10).

Continua actividad del Espíritu Santo en la Iglesia
La actividad que desarrolló el Espíritu Santo al descender sobre los reunidos en el cenáculo de Jerusalén no se limitó a la mañana de Pentecostés primero; desde aquel día se está realizando sin pausa hasta la vuelta de Cristo. La Iglesia está convencida de que está continuamente bajo la influencia decisiva del Espíritu Santo y, por tanto, de que todo lo que hace lo hace en el Espíritu Santo.

A. La actividad del Espíritu en general ES/ACTIVIDAD:
1. La actividad del Espíritu fue profetizada por Cristo en sus palabras de despedida: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo rogaré al Padre, y os dará otro Abogado, que estará con vosotros para siempre, el Espíritu de verdad, que el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocéis, porque permanece con vosotros y está en vosotros» (lo. 14, 15-17). De El dice Cristo: «Os he dicho estas cosas mientras permanezco entre vosotros; pero el Abogado, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, ése os enseñará todo y os traerá a la memoria todo lo que yo os he dicho» (Jo. 14, 25-26). «Cuando venga el Abogado, que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí, y vosotros daréis también testimonio, porque desde el principio estáis conmigo» (lo. 15, 26-27). Cristo dice también a los discípulos: «Mas ahora voy al que me ha enviado y nadie de vosotros me pregunta ¿Adónde vas? Antes, porque os hablé estas cosas, vuestro corazón se llenó de tristeza. Pero os digo la verdad, os conviene que yo me vaya. Porque si no me fuere, el Abogado no vendrá a vosotros; pero si me fuere, os le enviaré. Y en viniendo éste argüirá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, porque no creyeron en mí; de justicia, porque voy al Padre y no me veréis más; de juicio, porque el príncipe de este mundo está ya juzgado. Muchas cosas tengo aún que deciros, más no podéis llevarlas ahora; pero cuando viniere Aquél, el Espíritu de verdad, os guiará hacia la verdad completa, porque no hablará de sí mismo, sino que hablará lo que oyere y os comunicará las cosas venideras. El me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo dará a conocer. Todo cuanto tiene el Padre es mío; por esto os he dicho que tomará de lo mío y os lo hará conocer» (lo. 16, 5-15).

En estas palabras Cristo reprende a los discípulos porque se han entristecido al decirles que se marcha sin preguntar las ventajas que podía tener su vuelta al Padre. Si El no marchara no vendría el Paráclito. La venida del Espíritu es de trascendental importancia porque la actividad del Paráclito es ineludible si se quiere entender correctamente la relación de los discípulos a Cristo. Da la impresión de que Cristo no pudiera abrir los ojos de los apóstoles y de que tuviera que ser necesariamente e] Espíritu Santo quien les hiciera comprenderlo todo. Pero como esa comprensión es decisiva para la auténtica y verdadera vida, la venida del Espíritu Santo a los discípulos es también fundamental. La marcha de Cristo es, en realidad, un bien para los discípulos (Jo. 16, 7) porque es la condición de la venida del Espíritu Santo.

2. Las funciones del Espíritu Santo son enumeradas por Cristo en las palabras de despedida. El Espíritu Santo hace que los discípulos recuerden a Cristo; este recuerdo tiene fuerza psicológica y ontológica. El Espíritu Santo hace que los discípulos no se olviden de Jesús; pero a la vez les actualiza continuamente a Cristo. La función memorativa del Espíritu Santo es función actualizadora y su fin es que los discípulos tengan a Cristo como interna posesión. Cristo debe actuar en ellos. El Espíritu Santo crea la «presencia activa» de Cristo en los discípulos, el ser de Cristo en ellos.

El Espíritu Santo introduce a los discípulos en la verdad hasta que ellos reconocen la riqueza y profundidad de la sabiduría de Dios; da además testimonio de Cristo de forma que ese testimonio desarrolla lo que Cristo ha predicado y abre a la vez su sentido. Esta función iluminadora y explicativa es tan importante que el Espíritu Santo recibe nombre de ella: es el Espíritu de verdad. El hecho de que Cristo diga dos veces que el Espíritu Santo tomará de lo suyo y lo anunciará, demuestra que Cristo habla aquí no de verdades nuevas y no predicadas, sino del testimonio de la verdad predicada ya por El (cfr. I Jo. 4, 1; Apoc. 19, 10).

3. Lo que Cristo promete del Espíritu Santo lo vemos cumplido en los Hechos de los Apóstoles y en las Epístolas. La actividad del Espíritu Santo se desarrolla siempre en torno a Cristo. En el Apocalipsis de San Juan vemos hasta qué punto está vinculada a Cristo la actividad del Espíritu Santo, en las cartas a las siete iglesias se dice constantemente que se las invita a oír lo que el Espíritu dice (2, 7. 11. 17. 29; 3, 6. 13. 22); sin embargo, al principio de cada carta se dice que es Cristo quien habla a las iglesias (2, 1. 8. 12. 18; 3, 1. 7. 14). Evidentemente es Cristo quien habla por medio del Espíritu Santo. Cristo es también descrito como el Señor que dirige la historia; es también el «Cordero sacrificado», que en una grandiosa escena es convocado a ser Señor de la historia y del mundo (Apoc. 5).

4. En los textos de San Juan antes citados se enumeran algunas funciones más del Espíritu Santo. Frente al mundo aparece en el papel de acusador; sobre este tema dice A. Wikenhauser (Das Evangelium nach lohannes, 1948, 242): «Detrás de las difíciles palabras de Jesús está la idea de un proceso desarrollado ante Dios. El mundo descreído que ha rechazado a Cristo y le ha llevado a la cruz es el acusado y el Paráclito es el acusador. La misión definitiva del Espíritu consiste en argüir al mundo, lo que no quiere decir que lo convencerá de su culpa, sino sólo que pondrá en claro su culpa, es decir, que demostrará que no tiene razón. Pero este proceso no ocurrirá al fin de los tiempos (en el juicio final), sino en todo el proceso de la historia que transcurre desde la Resurrección.

El argumento del Paráclito consiste en dar testimonio a favor de Cristo delante del mundo (15, 26), es decir, en la predicación cristiana inspirada por el Espíritu, que pone en claro la culpa y la sinrazón del mundo. Al decir que arguye de pecado, de justicia y de juicio quiere decir que el Paráclito pondrá en claro qué significan el pecado, la justicia y el juicio, con lo que a la vez responde a la cuestión (como indican los versículos 9-11) de a qué parte hay que buscar el pecado la justicia y el juicio. 

Pecado significa la incredulidad frente a la revelación de Dios ocurrida en Cristo. El verdadero pecado del mundo es haberse cerrado a la predicación de Jesús y el cerrarse obstinadamente a la predicación cristiana (/Jn/15/21-25). La palabra «justicia» debe ser entendida en sentido jurídico como justificación o declaración de inocencia ante la ley; debe ser considerada como justicia hecha en un proceso, porque los argumentos son una acusación o polémica jurídica. Su vuelta al Padre y su glorificación significan que la victoria está de parte de Cristo (cfr. 1 Tim. 3, 16 y la interpolación apócrifa de Mc. 16, 14: revela ahora tu justicia=victoria). La vuelta al Padre es expresión típica de San Juan para decir lo que los demás escritores del Nuevo Testamento enuncian como elevación o glorificación de Cristo por Dios (cfr. Act. 2, 33, 5, 31; Eph. 1, 20; Phil. 2, 9; Hebr. 1, 3). El argumento contra el mundo consiste en que el Paráclito demuestra testificando (15, 26) que Cristo ha vuelto al Padre. El Espíritu pondrá en claro finalmente qué es el juicio y quién será juzgado. El mundo creyó que había juzgado a Cristo, pero de hecho en la muerte de Cristo se cumplió el juicio de Dios contra el dominador del mundo que había crucificado a Cristo (cfr. 13, 2. 27); en su muerte precisamente venció Cristo al diablo, porque a través de la muerte volvió al Padre y fue glorificado. Desde entonces el diablo no tiene poder; es el sometido, el juzgado (cfr. 12, 31; Col. 2, 15).»